El PAN en la Cámara de Diputados decidió que el lunes 26 de octubre no bastaba con la renuncia de Guadalupe Taddei al Consejo General del INE. Ahora quiere que Víctor Hugo Carvente, jefe del Órgano Interno de Control, comparezca para explicar por qué las irregularidades internas se parecen más a un secreto bien guardado que a un reporte oficial. El coordinador panista José Elías Lixa insiste en que el funcionario aclare ante las comisiones qué se hizo y por qué nadie levantó la mano antes.
La solicitud suena a revisión de cuentas pendientes, pero en la práctica se convierte en un acto donde cada partido saca su libreta de agravios. Carvente tendrá que detallar si el OIC revisó los procesos internos o si simplemente los archivó entre café y memorandos. Mientras tanto, el INE sigue funcionando como un reloj que marca la hora correcta solo cuando le conviene a quien pregunta. Los diputados panistas argumentan que las anomalías no llegaron por sorpresa, sino que se acumularon sin que el control interno emitiera alertas formales.
En la Junta de Coordinación Política el ambiente promete ser de explicaciones largas y respuestas que giran en círculos. Nadie espera que Carvente salga con una lista de culpables envuelta en moño, pero la comparecencia servirá para que cada bancada repita su guion habitual. El PAN presume rigor institucional, el INE defiende su autonomía y el público observa como quien ve un partido de fútbol sin goles.
Al final, la renuncia de Taddei queda como telón de fondo mientras el verdadero espectáculo es ver quién logra que la audiencia parezca más seria de lo que realmente es.




