Los inversores de América Latina despertaron con resaca electoral cuando Lula derrotó a Flávio Bolsonaro y los activos brasileños se derrumbaron como un pastel mal horneado. El Ibovespa activó el freno de emergencia tras caer un diez por ciento nada más abrir, mientras el índice MSCI Latam perdía más del cinco por ciento. El real brasileño se convirtió en la moneda que más se desplomaba frente al dólar en todo el planeta.
La bolsa de Brasil concentró las mayores pérdidas porque muchos apostaban a un cambio de gobierno y a una política fiscal más estricta. Cuando llegó el resultado contrario, los operadores revisaron posiciones a toda prisa y provocaron un caos digno de una fila en el supermercado un viernes de quincena. Empresas como XP, Nubank, Itaú Unibanco y Petrobras sufrieron descalabros notables en su cotización en Estados Unidos.
Wall Street, por su parte, celebraba con subidas modestas en el Nasdaq, el S&P 500 y el Dow Jones, como si la fiesta se celebrara en otra casa. El contraste resultaba tan evidente que parecía que los mercados brasileños habían recibido la noticia de un examen reprobado mientras los norteamericanos aprobaban con nota. El peso colombiano y el argentino también retrocedían frente al dólar, aunque con menos dramatismo que el real.
Los analistas señalaron que buena parte del optimismo previo ya estaba incorporado en los precios, por lo que la victoria inesperada obligó a una corrección rápida. BBVA advirtió que la volatilidad del real podría aumentar por dudas sobre la sostenibilidad fiscal y que el Banco Central de Brasil podría intervenir si el dólar supera los cinco coma sesenta reales. Las tasas de interés locales podrían incluso acercarse al catorce por ciento.
Ahora los ojos del mercado están puestos en las primeras señales de política fiscal del nuevo gobierno y en cómo se comportará la deuda brasileña en las próximas semanas. Mientras tanto, los inversores mantienen posiciones defensivas antes de la reunión de la Reserva Federal, temiendo que cualquier sorpresa adicional los deje sin paraguas en plena tormenta.




