Los analistas de TD Securities apostaron contra una subida de tipos justo antes de que salieran los datos de inflación. Creían que todo estaría controlado y que los responsables de la Fed ya habían dejado claro que no tocarían nada en octubre. Pero el informe llegó más alto de lo esperado y los mercados subieron las probabilidades de un aumento hasta el cincuenta por ciento en cuestión de minutos.
Goldberg y su equipo ni siquiera pudieron cerrar la operación cuando el mercado dio marcha atrás. Una mezcla de ventas en bolsa, nervios con la inteligencia artificial y líos en Francia devolvió las apuestas casi al punto inicial. Al final del día las probabilidades volvieron a caer por debajo del quince por ciento.
Los discursos de la Fed fueron los que más peso tuvieron. Williams dijo que quizá convendría subir tipos antes de fin de año y luego Jefferson y Waller pidieron más calma. Cada intervención fue como un freno de mano que dejó a los operadores mirando el informe de inflación como quien mira un reloj estropeado.
Warsh insistió en que ya no quiere dar pistas adelantadas sobre las reuniones. Aun así los inversores siguieron pegados a cada frase de los banqueros centrales porque no saben qué otra cosa hacer. La inflación creció al ritmo más rápido en cinco meses y aun así la mayoría apostó por que los tipos se quedarían quietos.
Ahora los mercados esperan la próxima reunión con la sensación de que cualquier cosa puede pasar. Los datos técnicos apuntan a una posible subida pero las palabras de la Fed siguen tirando en sentido contrario. Los operadores reconocen que sin esas declaraciones las probabilidades estarían más cerca del cincuenta por ciento y que el desconcierto actual es el precio de tanta orientación contradictoria.




