Vucic pierde las elecciones y culpa al Estado profundo como a la vecina cotilla

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El ex presidente serbio Aleksandar Vucic se plantó ante sus fieles en Belgrado y soltó la bomba sin anestesia: su partido había perdido las legislativas frente a una panda de estudiantes que llevaban dos años protestando como si les hubieran robado el último botellín de la nevera. Calculó que los universitarios se llevarían entre 135 y 140 escaños de los 250, mientras su coalición se quedaba en unos 105, justo por debajo de la mayoría absoluta. Los primeros escrutinios le dieron la razón: 52 por ciento y 138 diputados para los estudiantes, contra el 39 por ciento oficialista. La gente salió a la calle a celebrar como si hubieran ganado la quiniela.

Vucic, sin perder el estilo, echó la culpa a los medios independientes y a una supuesta injerencia de Europa y del famoso Estado profundo estadounidense, ese mismo que según él se dedica a conspirar desde el sofá. Anunció que su partido haría oposición combativa, como quien jura venganza después de que le quiten el mando de la tele. La lista ganadora la encabeza Ilija Srdanovic, cardiólogo y profesor, rodeado de docentes, especialistas y deportistas que hasta hace poco solo salían en las noticias locales. Durante la campaña evitó confirmar si aspiraba a primer ministro y soltó que tenían más candidatos que puestos en el Gobierno, como si montaran una rifa.

Todo empezó con el derrumbe de la marquesina de la estación de Novi Sad, que mató a dieciséis personas tras una reforma china que, según las empresas, no incluía esa parte del techo. Las protestas se hincharon como globo de feria y obligaron al primer ministro a dimitir. En los juzgados, la fiscalía acusó a trece personas, entre ellas un exministro, pero los tribunales anduvieron dando tumbos y todavía no ha habido juicio. Vucic, que ya fue ministro con Milosevic y lleva años en el poder, disolvió el Parlamento para intentar volver como primer ministro. Ahora, hasta que se constituya la nueva Asamblea, el país lo lleva interinamente Ana Brnabic, su aliada de confianza.

Los serbios miran a la Unión Europea con una mano delante y otra detrás, mientras mantienen lazos estrechos con Rusia y China. Las próximas presidenciales tendrán que celebrarse antes de que acabe diciembre. Por ahora, los estudiantes celebran y Vucic prepara su nueva etapa como opositor profesional, que es como jubilarse pero con más ruido y menos pensión.

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