Lee Seongdong, un youtuber de 47 años, se hartó de esperar dos años por el Casper Electric de Hyundai y firmó por un Dolphin de BYD sin pensarlo dos veces. El precio de salida rondaba los 24,5 millones de wones, pero con descuentos pagó menos de 23 millones, una cifra parecida a la versión básica del Casper en Seúl. Además, recibió el coche en semanas en lugar de sufrir una espera similar al servicio militar obligatorio.
Las ventas de BYD en Corea se multiplicaron por nueve entre enero y agosto, alcanzando casi 18 000 unidades, mientras las de Hyundai caían un 6 % hasta 139 000. En septiembre las matriculaciones de BYD llegaron a 20 000, el doble de su meta inicial para todo el año. El fabricante chino ya superó a Volvo y Toyota entre las marcas extranjeras, pese a haber entrado al mercado de turismos solo a principios de 2025.
Hyundai y Kia aún controlan el 72 % del mercado local, pero sus modelos resultan más caros y menos equipados frente a la oferta china. Un directivo de Hyundai confesó sentir “desesperanza” tras ver en el Salón de París cómo los vehículos chinos ofrecían mejor diseño por unos 10 000 dólares menos. El mismo ejecutivo teme que su grupo termine absorbido por China si no reacciona.
Los compradores celebran el precio, pero los dueños de BYD ya se quejan de que cambiar un parachoques puede costar más de 11 millones de wones por falta de repuestos. La marca planea pasar de 20 a 26 talleres a finales de año, una red diminuta comparada con los más de 1 200 centros de Hyundai y Kia.
Los fabricantes coreanos piden al gobierno más protecciones porque un arancel de solo 8 % deja la puerta abierta a la invasión china. Mientras tanto, Lee Seongdong resume el dilema con una frase que duele: hay que competir en un mercado abierto, aunque eso signifique que los gigantes locales sientan cómo les pisan los talones con precios que parecen de liquidación total.




