El secretario de Defensa gringo ve espías chinos hasta en las clases de mandarín

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Pete Hegseth soltó la bomba en un video y aseguró que ochenta centros chinos volvieron a nacer con nombres raros pero la misma misión de siempre: colarse en las universidades como quien se mete a una fiesta sin invitación. Según él, ya no se llaman Institutos Confucio porque el Congreso los mandó a la chingada hace años, así que ahora aparecen como clubes de té o talleres de origami para robar ideas y lavar cerebros jóvenes.

El Departamento de Defensa los metió de golpe en la lista negra junto con las organizaciones que ya dan dolor de cabeza. Hegseth presumió que en dos meses desmantelaron todo el tinglado y que ya no queda ni uno disimulando detrás de un pizarrón. El chiste es que los chinos seguían enseñando frases como “¿dónde está el baño?” mientras, según Washington, en realidad buscaban cómo copiar patentes y volver a los estudiantes más leales al Partido que a su propia madre.

Al final, el asunto quedó como una telenovela de espías baratos: profesores de chino por un lado, agentes del Pentágono por el otro y los universitarios en medio preguntándose si el examen final vendrá con microfonos ocultos o solo con caracteres que nadie entiende.

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