En el Zócalo de la CDMX se prepara una Catrina de 32 metros que busca desplazar a Puerto Vallarta del récord mundial. Detrás de esta mole luminosa hay un equipo del Taller de Arte Xibalbá que combina arte, acero y fibra de vidrio como si armaran un esqueleto con aspiraciones de estrella de rock.
La estructura, que se armó desde el 21 de octubre, rendirá homenaje a José Guadalupe Posada y será el centro de la Ofrenda Monumental entre el 29 de octubre y el 2 de noviembre. Sus huesos funcionarán como pantallas de luz interna, mientras un vestido morado de 27 metros, inspirado en bordados de Tenango, desplegará flores y colibríes LED que parecen competir con el alumbrado público. El acero sostiene todo, la fibra de vidrio ilumina y el textil le da estilo, creando un híbrido de 50 % arte y 50 % ingeniería que evita que la pieza se convierta en un simple palo con sombrero.
La secretaria de Cultura, Ana Francis López Bayghen Patiño, explicó que la altura exigía especialistas del Taller Xibalbá, surgido de los talleres de la Faro de Oriente. Carlos Báez, su director, señaló que sin estructura la belleza se derrumba y sin vistosidad la seguridad pasa desapercibida. Karina Ramírez Aparicio diseñó el vestido en secciones para armarlo por partes, incluyendo un faldón de 20 metros. Alrededor habrá un campo de cempasúchil y piezas de Ajolotes en el Corazón. El Gran Desfile cerrará el evento.
Esta Catrina no solo busca superar los 28 metros de Puerto Vallarta, sino demostrar que la tradición mexicana puede crecer sin perder el equilibrio entre ingeniería y creatividad.




