Marcelo Ebrard llegó a Washington con la tarea de aflojar los aranceles al auto, acero y aluminio. La reunión ocurre justo antes de las elecciones intermedias en Estados Unidos y después de que la presidenta Claudia Sheinbaum adelantara que el acuerdo está cerca. El secretario de Economía, en mensaje grabado, aseguró que las pláticas avanzan y que urge cerrar algo pronto.
Los escépticos anónimos y el Wall Street Journal ya se frotan las manos pronosticando que todo quedará en pura plática. Sin embargo, Ebrard sigue reuniéndose con las autoridades estadounidenses y Trump mismo declaró que el pacto está muy cerca y que será bueno para ambos lados, aunque insistió en que Estados Unidos lleva ventaja. El mandatario republicano, al salir de la Casa Blanca rumbo a un mitin en Florida, repitió que México y Canadá trabajan fuerte, pero que ellos tienen las cartas.
La industria automotriz mexicana, por su parte, espera los detalles sin hacer aspavientos. Mientras tanto, la revisión anual del T-MEC programada para 2027 ya empezó a mover piezas. Ebrard aclaró que en esta cuarta reunión bilateral apenas se definirán los temas, no los resultados finales. Los críticos que ven parálisis parecen olvidar que las conversaciones continúan y que el gobierno mexicano mantiene la misma postura desde el primer día.
Al final, el “estira y afloja” luce más como una telenovela de negociaciones que como un drama de derrota. México llega a la mesa con datos, paciencia y la certeza de que un buen acuerdo beneficia a ambos países, aunque algunos prefieran ver solo el lado ruidoso del asunto.




