Saquen los pañuelos y preparen el hombro para consolar a los pobres noruegos. Su fondo soberano, ese modesto guardadito de 2,3 billones de dólares, sufrió una pérdida catastrófica del 0,5% en el último trimestre. Sí, has leído bien, una tragedia financiera que hace que tu deuda en la tarjeta de crédito parezca un simple error de redondeo. El mundo se detiene ante semejante descalabro, mientras millones de noruegos se preguntan si tendrán que vender uno de sus yates.
El villano de esta película de terror fiscal fue, increíblemente, la inversión en bonos, que se desplomó un 3,5%. Resulta que la apuesta segura, esa que es más aburrida que un documental sobre la cría de caracoles, les salió rana. Las acciones, por su parte, intentaron salvar el día con una ganancia del 0,5%, un esfuerzo tan heroico como intentar apagar un incendio forestal con una pistola de agua. Al final, no fue suficiente para compensar el desastre del amigo «confiable».
Para calmar a las masas (de millonarios), salió Trond Grande, el subdirector ejecutivo, con la tranquilidad de quien acaba de tomarse una tila. Con una sabiduría que solo el dinero puede comprar, nos iluminó diciendo que la deuda pública ahora es un «fenómeno más generalizado». ¡Vaya descubrimiento! Grande también ve el lado positivo, afirmando que más riesgo significa más ganancias, una lógica aplastante cuando juegas con el dinero de un país entero y no con el pago de la hipoteca.
Aburridos de ganar dinero de forma predecible, los genios del fondo ahora le piden permiso al gobierno para ser un poco más rebeldes. Quieren reducir su inversión en bonos gubernamentales seguros para meterle más a la deuda de alto riesgo, que es como cambiar el té de manzanilla por chupitos de tequila en una reunión de directorio. Mientras tanto, su cartera sigue pareciendo la lista de deseos de un fanático de la tecnología, con acciones de gigantes como Apple, Microsoft y Nvidia.
En total, el valor del fondo se redujo en 670.000 millones de coronas, una cantidad con la que podrías pavimentar de oro el camino a tu casa y aún te sobraría para comprar un par de islas privadas. El señor Grande remató la faena con una frase filosófica: «Nada crece hacia el cielo», probablemente mientras pulía su monóculo de diamantes. Es reconfortante saber que, mientras tú revisas las ofertas del supermercado, hay gente sufriendo por perder el equivalente al producto interior bruto de un país pequeño.




