Parece que la Madre Naturaleza finalmente se cansó de nuestros dramas y decidió subirle al termostato. El fenómeno de El Niño, que suena a nombre de un reguetonero pero es mucho más destructivo, amenaza con ser el más intenso de la historia. Mientras la gente normal se preocupa por si lloverá el fin de semana del asado, los gestores de fondos están corriendo en círculos, abrazados a sus portafolios como si fueran el último salvavidas del Titanic.
En las altas esferas del dinero, el pánico es palpable. Katie Self, de Pictet Asset Management, declaró con la solemnidad de un profeta del apocalipsis que es «casi una certeza absoluta» que este Niño será el más extremo de todos. Man Group, un gigante de los fondos de cobertura, advirtió que todo, desde las redes eléctricas hasta los fertilizantes, está en riesgo. Mientras tanto, T. Rowe Price está usando modelos especiales para proteger su modesta cartera de 165 mil millones de dólares, no vaya a ser que se les moje la pólvora.
La principal preocupación de estos genios de las finanzas no es la sequía o las inundaciones en sí, sino que el caos climático arruine sus proyecciones en Excel. El desastre natural está llegando a mercados que ya estaban más presionados que estudiante en semana de finales, con deudas por las nubes y tasas de interés que suben más rápido que la espuma de la cerveza. Es la receta perfecta para un cóctel de pánico financiero con una rodaja de desesperación.
Según los que saben, este berrinche climático del Pacífico tendrá «efectos en cadena totalmente globales». O sea, que no importa si vives en la Patagonia o en el desierto del Sahara, de alguna forma te va a salpicar. Los analistas ya pusieron en la lista negra a Indonesia, Brasil y Colombia como los primeros en la fila para recibir el golpe, advirtiendo sobre probables «efectos de contagio» que sonarán menos divertidos que un bostezo en una fiesta.
Pero no todo es tragedia, al menos para ellos. Mientras el mundo se prepara para el chaparrón, los inversionistas ya están ideando cómo sacarle jugo a la catástrofe. Algunos apuestan a la subida de las tasas de interés y otros invierten en empresas que venden tecnologías para combatir el clima extremo. Básicamente, están vendiendo paraguas en medio del diluvio y cobrándolos a precio de oro, porque una crisis es una terrible oportunidad para desperdiciar.
Al final, como dijo la señora Self, El Niño es solo un «factor que agrava la situación», lo que traducido del idioma millonario significa que el planeta ya era un desastre, pero ahora el desastre será televisado y, con suerte, rentable. Así que mientras usted se preocupa por el precio del aguacate, ellos ya están diseñando el fondo de inversión «Apocalipsis Climático 2024».




