Líderes europeos se juntan a fin de mes para ver cómo pagan la cuenta de Ucrania

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Como si se tratara de una junta de vecinos para discutir una derrama inesperada, los líderes europeos se reunirán en una cumbre extraordinaria para ver de dónde sacan 70,000 millones de euros. Resulta que la alcancía continental tiene un boquete monumental para cubrir las necesidades de Ucrania hasta el 2027, y a todos les entró la prisa. La reunión, programada para el 26 y 27 de noviembre, promete tener más tensión que un episodio final de telenovela, pero con menos glamour y más señores en traje discutiendo sobre hojas de cálculo.

El asunto es que Ucrania, que anda metida en un lío con Rusia desde 2022, necesita saber si le van a seguir fiando el próximo año o si tendrá que empezar a vender cosas por internet. Mientras tanto, los gobiernos de la Unión Europea tienen que ponerse de acuerdo en su propio presupuesto a largo plazo antes de que las campañas electorales del próximo año conviertan el debate en un circo de tres pistas. Es el equivalente a intentar organizar las finanzas familiares justo cuando todos los hijos amenazan con irse de casa.

Para que nadie se alarme del todo, el financiamiento de Ucrania para 2026 ya está amarrado, como quien paga por adelantado el servicio de internet para no quedarse sin memes. De hecho, todavía quedan por soltar unos 31,000 millones de euros este año, de un paquete total de 45,000 millones. Claro, ese dinero está condicionado a que Kiev entregue primero la tarea y apruebe unas cuantas reformas, porque en esta casa no se regala nada.

El plan original incluía otros 45,000 millones de euros para 2027, pero aquí viene el chiste: se quedaron cortos. Al parecer, calcularon el costo de la guerra como si fuera una escapada de fin de semana, y ahora se dan cuenta de que se ha convertido en unas vacaciones de las que nadie sabe cuándo regresarán. Las necesidades del país son mucho mayores porque el conflicto se ha alargado más que discurso de político en campaña.

Así que los líderes se verán las caras para buscar debajo de los cojines del sofá continental esos 70,000 millones que faltan. La cumbre se perfila como la versión política de un grupo de amigos tratando de dividir la cuenta de una cena carísima, donde todos juran que solo pidieron una ensalada. Al final, alguien tendrá que poner la tarjeta y rezar para que pase.

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