Ucrania recibe su tarjeta de socio del club de compras de la OTAN para armarse hasta los dientes

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¡Noticia de última hora que huele a pólvora y a descuento de mayoreo! La OTAN, en un giro de guion más predecible que el final de una telenovela, ha decidido que Ucrania ya sufre bastante como para, encima, tener que hacer fila para comprar municiones. Por eso, le han abierto una línea de crédito en su exclusivo club de compras para la guerra, conocido formalmente como la Agencia de Apoyo y Adquisiciones (NSPA), que es como un Costco pero donde los carritos los llenas de misiles y raciones de combate en lugar de papel higiénico y pollos rostizados.

A partir de ahora, Kiev podrá pedir armamento por catálogo, con entregas más rápidas y, con suerte, con ofertas de «martes de frescura balística». Esto es posible porque Ucrania ha sido admitida en la «Asociación de Apoyo a la Cooperación en materia de Seguridad», un nombre tan largo y aburrido que seguro lo inventó un burócrata para justificar su sueldo. En resumen: Ucrania ya no solo es el invitado a la fiesta, ahora también puede poner la música y hasta vender sus propios licores caseros, porque sus empresas también podrán ofrecerle «productos» a los países de la OTAN.

Una tal Jacqueline Borsboom, que tiene un cargo con más siglas que una sopa de letras, declaró con la emoción de quien lee la lista del supermercado: «Esta asociación contribuirá a conectar más estrechamente a la industria ucraniana con oportunidades de crecimiento». Traducido del lenguaje corporativo al español de a pie: quieren ver qué tan buenos son los juguetes bélicos ucranianos, esos que han sido «puestos a prueba en el campo de batalla», o sea, los que ya demostraron que hacen «pum» de verdad y no solo en una simulación por computadora.

Desde que empezó este desbarajuste, la NSPA ya ha movilizado una millonada en «ayuda», incluyendo combustible y otros suministros, demostrando que para mantener una guerra andando se necesita más logística que para organizar la boda de la hija de un millonario. Ahora, con este nuevo sistema, se busca generar «economías de escala». Es la lógica del súper aplicada al apocalipsis: si compras granadas por caja en lugar de por pieza, te sale más barato. ¡Qué alivio! Ahora el fin del mundo será, al menos, fiscalmente responsable.

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