¡Atención, proletarios del mundo! Según los magos de las finanzas en Estados Unidos, conseguir que te despidan es ahora más difícil que encontrar a alguien que use el intermitente. La semana pasada, solo 194,000 almas en desgracia solicitaron el subsidio de desempleo, una cifra tan ridículamente baja que los arqueólogos tuvieron que buscar registros de 1969 para encontrar algo similar. Al parecer, los empleados se están aferrando a sus puestos de trabajo con la misma desesperación con la que uno se aferra al último trozo de pizza en una fiesta.
Los economistas, esa gente que explica mañana por qué lo que predijeron ayer no ocurrió hoy, afirman que esto se debe a la «fuerte demanda interna». Traducido del lenguaje técnico al español, significa que la gente sigue comprando tonterías que no necesita, y las empresas necesitan a alguien para que las fabrique y las envíe. Pero no se dejen engañar, esto no es un paraíso laboral. El mercado está en modo «pocas contrataciones y pocos despidos», lo que es como estar en una fiesta donde no llega nadie nuevo y el anfitrión cerró la puerta con llave.
Claro que no todo es color de rosa en esta extraña utopía laboral. En el horizonte se dibuja una tormenta perfecta de problemas económicos. La Reserva Federal, jugando a ser el villano de la película, sigue subiendo las tasas de interés, haciendo que pedir un préstamo sea más caro que la entrada a un concierto de Bad Bunny. A esto se suma el miedo a que un conflicto internacional haga que la inflación se dispare y la economía termine con la gracia de un elefante en una cristalería.
Para añadirle más confusión al asunto, aunque menos gente está quedando desempleada, los que ya lo estaban parecen no encontrar la salida del laberinto. El número de personas que ya recibían el subsidio aumentó a 1.728 millones. La duración promedio del desempleo es de 11.5 semanas, tiempo más que suficiente para desarrollar una adicción a los programas de chismes de la tarde y aprender a hablar con las plantas de la casa por pura soledad.
Al final, nos venden la historia de que la tasa de desempleo es de un envidiable 4.2%, pero esa cifra es más falsa que una moneda de tres caras. No cuenta a los recién graduados que usan su diploma para calzar una mesa coja, ni a los que ya agotaron sus 26 semanas de ayuda y ahora sobreviven a base de esperanza y cupones de descuento. Los expertos dicen que esto es bueno para evitar la inflación, mientras el resto de nosotros nos preparamos para el día en que tengamos que pagar el alquiler con figuritas del mundial.




