En un giro de guion más predecible que el final de una telenovela, Rusia decidió celebrar las «constructivas» conversaciones de paz con Estados Unidos enviando un cariñoso paquete de misiles y drones sobre Ucrania. Aparentemente, en el nuevo diccionario diplomático del Kremlin, «constructivo» significa «proceder a la demolición». El enviado yanqui acababa de salir de su reunión con Vladimir Putin, probablemente con una palmadita en la espalda y una matraca de regalo, cuando el cielo ucraniano se iluminó como una feria de pueblo, pero con explosiones menos festivas.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, con el sarcasmo afilado de quien lleva años aguantando esta tomadura de pelo, agradeció públicamente a los «humanitarios» rusos por su generosidad. «Estos filántropos nos han mandado tres tandas de misiles balísticos desde anoche», comentó en sus redes sociales, seguramente mientras esquivaba escombros. Al parecer, la nueva campaña de caridad de Putin incluye remodelaciones no solicitadas a edificios residenciales, un rediseño de la infraestructura eléctrica y hasta una renovación de fachada para un monasterio, que claramente necesitaba un toque más postapocalíptico.
Todo este festival de la destrucción llegó justo después de que el enviado de Trump, un tal Steve Witkoff, calificara a Putin de «humanitario» por liberar a un prisionero. Un gesto que, visto lo visto, fue como darle una galleta a un perro rabioso antes de que te muerda la pierna. Donald Trump, por su parte, viendo el panorama desde su torre de marfil, declaró que nunca se estuvo «tan cerca» de la paz, demostrando tener la misma conexión con la realidad que un concursante de *reality show* después de tres meses de encierro. Mientras tanto, el asesor del Kremlin le bajaba los humos al asunto, diciendo que las propuestas de los gringos tenían menos sustancia que un chicle masticado.
Para rematar el circo, Putin dejó claro que no tiene tiempo para hablar con Zelensky, a quien ve como el niño del que te copiaste en el examen. Él prefiere una cumbre de los pesos pesados con Trump y Xi Jinping, probablemente para decidir el futuro del mundo jugando una partida de póquer. Zelensky, por su lado, sigue pidiendo más misiles y defensas, porque ya se dio cuenta de que responder a las bombas con comunicados de prensa es tan efectivo como intentar apagar un incendio con gasolina. Las discusiones, dicen, continuarán «a nivel técnico», lo que seguramente significa que se enviarán *emojis* de caritas enojadas por correo electrónico hasta la próxima ronda de «diálogo constructivo».




