El senador Higinio Martínez Miranda, viendo la avalancha de talento morenista en el Estado de México, lanzó una petición revolucionaria: que por favor mantengan la compostura. Aparentemente, la fila de aspirantes para las coordinaciones rumbo a 2027 es tan larga que el mayor riesgo es que se organicen torneos de ajedrez espontáneos.
Tras concluir los registros, el legislador notó que se apuntó hasta el primo del amigo que una vez saludó a un diputado. En lugar de anticipar una batalla campal, Martínez describió el proceso como un concurso de popularidad cósmico. Morena no elegirá candidatos a la antigua, sino que usará encuestas, ese artefacto místico que revela quién tiene más «respaldo ciudadano», como si fuera un detector de auras políticas. De la multitud, un selecto grupo de dos, cuatro o seis finalistas pasará a la gran final demoscópica, un evento más esperado que el final de una telenovela.
«Ahora esperemos el resultado», dijo el senador, pidiéndoles básicamente que no monten campamentos afuera de las oficinas del partido con pancartas y batucada. Su mensaje fue claro: «Dejen que el partido defina», una frase que busca tranquilizar a las masas ansiosas, quienes seguramente ya organizaban grupos de estudio para el examen de la encuesta. La unidad es la prioridad, por lo que cualquier conato de debate civilizado se considera una agitación innecesaria en las aguas termales de la Cuarta Transformación.
Martínez Miranda concluyó su sermón de la montaña política pidiendo a todos que se la lleven «tranquilo», porque ser compañeros es más importante que cualquier puesto. Un llamado a la paz en un partido tan sosegado que su mayor riesgo de conflicto interno es decidir quién lleva los bocadillos a la próxima reunión.




