SpaceX saca los billetes y Wall Street vuelve a creer en la inteligencia artificial como si fuera un milagro de santería

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Parece que Wall Street tiene la memoria de un pez dorado y el entusiasmo de un niño en una dulcería. Después de varios días de lloriquear por los costos de la inteligencia artificial, bastó con que SpaceX y Super Micro Computer mostraran sus abultadas carteras para que todos los inversionistas se lanzaran de nuevo a la piscina de la tecnología. Ignorando olímpicamente que el petróleo está más caro que un aguacate en enero, los índices se pintaron de verde, liderados por un Nasdaq que subió un 0,53%.

La estrella del espectáculo fue, sin duda, la empresa de cohetes de Elon Musk, que reportó ganancias por 4.400 millones de dólares, más del doble de los 1.880 millones que esperaban los analistas con sus hojas de cálculo. Sus ingresos se dispararon un 161%, demostrando que la inteligencia artificial puede ser más rentable que venderle aire embotellado a los turistas. La división de IA solita generó 7.560 millones de dólares, una cifra que hizo que los competidores se atragantaran con su café de la mañana.

Como si no fuera suficiente con contar billetes, al señor Musk se le ocurrió una idea digna de un villano de película: fusionar SpaceX con Tesla. El valor combinado de este monstruo corporativo sería de unos 3,5 billones de dólares, una cantidad de dinero que la mayoría de los mortales no podemos ni imaginar. Ya formaron comités para «estudiar la operación», que es la forma elegante de decir que están viendo cómo juntar sus dos juguetes más caros sin que exploten en el proceso.

Pero mientras los titanes de la tecnología planeaban su boda multimillonaria, otros gigantes no la pasaban tan bien. Netflix, por ejemplo, pronosticó una desaceleración en sus ventas por cuarto trimestre consecutivo, confirmando que la gente se está cansando de buscar algo que ver durante dos horas para terminar viendo lo de siempre. AT&T también decepcionó, sumando menos clientes de lo esperado, probablemente porque su competencia pronto vendrá del espacio exterior.

Así que, mientras unos pocos celebran con champaña en sus cohetes privados, el resto del mundo sigue con el Jesús en la boca. Con la Reserva Federal amenazando con subir las tasas de interés otra vez y el barril de petróleo a casi 109 dólares, el optimismo de Wall Street parece más frágil que una galleta de animalitos. Pero no se preocupen, seguramente mañana saldrá otro informe de ganancias espectacular y todos olvidarán sus problemas de nuevo.

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