En una movida más rara que un político honesto, el mandamás de Rusia, Vladimir Putin, decidió que ya era suficiente castigo para un abuelito estadounidense que jugaba a ser soldado en Ucrania. Al parecer, una llamadita de su compadre Donald Trump fue suficiente para que Vlady se pusiera magnánimo y le perdonara la vida al profesor de inglés Stephen James Hubbard, un señor de 73 años que claramente se equivocó de pasatiempo para la jubilación.
Nuestro protagonista, el abuelo Hubbard, decidió que dar clases de inglés era muy aburrido y prefirió unirse a la defensa territorial ucraniana por la módica suma de 1,000 dólares al mes, menos de lo que gana un repartidor de comida en un buen fin de semana. Como era de esperarse, el Rambo de la tercera edad no duró mucho en el campo de batalla y los rusos lo capturaron en 2022. La justicia rusa, con su característica velocidad y sentido del humor, lo sentenció a casi siete años de cárcel por “actividad mercenaria”, un eufemismo para “gringo despistado en el lugar equivocado”.
Por supuesto, Donald Trump no tardó ni medio segundo en colgarse la medalla. Corrió a su red social para anunciar, con bombos y platillos, que él solito, con el poder de su amistad y una simple llamada, había logrado lo que la administración anterior no pudo en años. “No fue necesario ningún ‘intercambio’”, presumió, básicamente diciendo: “Miren, novatos, así se arreglan las cosas, con una charla entre amigos y no con diplomacia de aburridos”. Mientras tanto, el abuelo Hubbard ya vuela de regreso a casa, probablemente preguntándose si su pensión le alcanza para unas vacaciones menos peligrosas, como ir a alimentar cocodrilos en Florida.
Y para rematar este circo, Trump envió a su propio mensajero, Steve Witkoff, a San Petersburgo para charlar con Putin cara a cara, mientras su yerno, Jared Kushner, se unía a la fiesta por videoconferencia, seguro desde alguna playa paradisíaca. La misión: llevarle a Putin las “ideas” del presidente ucraniano para ver si “logramos algún avance”. Así que ya lo saben, la paz mundial podría depender de una reunión de amigos y un familiar por videollamada. Duerman tranquilos, que el futuro del planeta está en las mejores manos.




