Durante una concentración del Preolímpico Sub-23, Oscar “Conejo” Pérez y Cuauhtémoc Blanco protagonizaron una escena que habría hecho sonrojar hasta al más estoico de los estrategas. Lo que empezó como una partida inocente de billar terminó con un “palazo” en la cabeza y una respuesta que rozó el estilo de las telenovelas de los noventa. Germán Villa, en su rol de árbitro involuntario, evitó que la cosa pasara de chanza a crónica roja.
El episodio, revelado décadas después en el programa El Posscass de Compass junto a Isaac Terrazas, mostró a Pérez recordando cómo Blanco le soltó el golpe con el taco sin previo aviso. El exportero esperó su momento y, en el cuarto de masaje, devolvió el favor con un gancho en la espalda mientras el “Ídolo de Tepito” andaba sin camisa. La venganza fue tan precisa como absurda, y los ánimos se calentaron hasta que Villa intervino con la frase que ahora causa risa: “Ya se querían pelear y llegó el papá de ambos”. Blanco, por su parte, aseguró no recordar nada, postura que solo aumentó las carcajadas del grupo.
Lo que podría haber sido un incidente menor en las instalaciones de la Selección Mexicana se convirtió, con el paso del tiempo, en una anécdota de camerino contada entre risas. Villa evitó que el intercambio afectara la preparación del equipo rumbo al torneo, y el conflicto quedó reducido a una historia que los protagonistas narran hoy sin rencores. El billar, después de todo, demostró ser más peligroso que cualquier defensa rival.





