Claudia Sheinbaum atraviesa su segundo aniversario presidencial sorteando una cortina de ataques que parecen salidos de una telenovela sin guion. Mientras algunos analistas insisten en describir una “lluvia de lodo”, la mandataria mantiene niveles altos de respaldo ciudadano y consolida su lugar como la primera mujer en la Presidencia de México.
Los intentos por convertir cada decisión en escándalo chocan contra datos concretos. Antes de su Segundo Informe, Sheinbaum destacó avances en salario, empleo e inversión que siguen su curso sin depender de likes ni de titulares alarmistas. Ana Lilia, Alejandro, Hernández y Kurt, entre otros, pueden seguir lanzando dardos desde sus trincheras, pero el Ejecutivo opera con la misma calma de quien revisa balances mientras la tormenta pasa de largo.
El contraste resulta casi cómico: por un lado, una administración que entrega resultados medibles; por otro, voces que prefieren el espectáculo a las cifras. La presión constante no ha alterado el rumbo de programas económicos ni de políticas públicas que avanzan con paso firme.
Al final, dos años después queda claro que el verdadero peso de un gobierno se mide en obras y empleos, no en la cantidad de barro que logre salpicar las paredes del Palacio.





