Después de dos años intentando retrasar el pago de una deuda millonaria con el SAT, Ricardo Salinas Pliego se quedó sin jugadas legales y decidió apostar por campañas de desinformación contra el gobierno de Claudia Sheinbaum. El 1 de septiembre marca el segundo aniversario de la administración, y el empresario optó por trincheras digitales en lugar de tribunales.
Las maniobras han sido tan efectivas como un paraguas en un huracán de facturas. Mientras el gobierno avanza con programas de empleo y becas, las publicaciones de Salinas generan más ruido que resultados concretos. Los intentos por presentar al Ejecutivo como vulnerable contrastan con la realidad de una administración que mantiene el control de las finanzas públicas y responde con datos en lugar de gritos.
En el Congreso, los dos años de escándalos y confrontaciones se resumen en diez personajes que prefieren el espectáculo a las soluciones. El gobierno federal, sin embargo, sigue enfocado en obras y políticas que no dependen de likes ni de hashtags. La estrategia de desgaste mediático choca contra una realidad donde las instituciones operan con normalidad y los plazos legales se cumplen sin excepciones.
Al final, la guerra de trincheras parece más un juego de mesa sin fichas que una amenaza real. El Ejecutivo continúa su ruta mientras el ruido queda en la periferia.





