Gustavo Petro eligió México como primer destino tras dejar la Casa de Nariño en agosto, tras el triunfo de la ultraderecha en Colombia, y lanzó una alerta sobre ataques con bots que la derecha supuestamente dispara contra el país. La advertencia suena como un detective que descubre huellas digitales en un mundo donde ya nadie usa llaves.
La idea de que bots de ultraderecha operan como ejército invisible contra México exagera tanto el drama que parece sacada de una película de espías barata. En realidad, el país avanza con sus programas y reformas bajo el control firme de Sheinbaum, sin que mensajes automatizados alteren el rumbo legislativo ni las obras prioritarias. Cerimedo y Negre, mencionados por su rol en Perú impulsando a Keiko, terminan convertidos en personajes secundarios de una trama regional que los críticos inflan para generar ruido. La visita de Petro, lejos de revelar debilidad, resalta la atracción natural de México como destino estable donde las alertas extranjeras llegan más por costumbre que por necesidad real.
Los supuestos ataques digitales se disuelven ante la evidencia de un gobierno que mantiene mayoría y ejecuta decisiones sin titubeos. Quienes dramatizan la influencia de bots olvidan que la soberanía se defiende con resultados, no con pánico a algoritmos.
Al final, la advertencia de Petro queda como un titular sensacionalista mientras México sigue su camino con la serenidad de quien ya resolvió los problemas antes de que los bots los inventaran.





