Trump aplaude a Delcy y aparca las elecciones para otro rato

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El presidente Donald Trump soltó el miércoles, con esa seguridad de quien ya decidió el menú de la cena ajena, que Venezuela todavía no está preparada para celebrar elecciones después de la salida de Nicolás Maduro. “Delcy, como saben, está haciendo un muy, muy buen trabajo”, repitió, pero acto seguido frenó en seco cualquier ilusión de urna cercana: el país no está listo. “Simplemente no creo que estén listos todavía. Es algo muy nuevo. Los sacamos de una dictadura y nos estamos llevando muy bien con el gobierno”, soltó, como quien felicita al nuevo inquilino pero le esconde las llaves del buzón.

Maduro fue derrocado en enero en un operativo militar estadounidense y quedó al mando su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, ahora presidenta encargada. Ella, con la calma de quien ha visto más tormenta que taza de café, aclaró el miércoles que “yo no fijo fechas”, pero que no quepa duda: habrá proceso electoral… cuando Venezuela esté preparada. “El trabajo sin descanso es para que el país esté listo y preparado cuando corresponda ir a su proceso electoral, que lo habrá”, dijo a los reporteros en Miraflores, justo después de reunirse con el secretario de Energía estadounidense Chris Wright, de visita exprés.

El detallito constitucional, ese que a veces se esconde debajo del tapete, recuerda que ante la ausencia del presidente el vicepresidente puede tomar las riendas un máximo de 180 días… y ese reloj ya se pasó de largo como sobremesa de domingo. Por eso distintos sectores andan pidiendo comicios con la misma insistencia con la que se reclama la cuenta en un restaurante que no trae la nota. Está previsto que la mesa de diálogo entre el gobierno y parte de la oposición aborde la renovación del Consejo Nacional Electoral, paso clave para convocar cualquier votación, según adelantó la jefa de la delegación opositora, Dinorah Figuera.

En resumen: hay palmadas en la espalda para Delcy, sonrisas diplomáticas, un invitado con maletín energético y un “todavía no” electoral que se alarga más que cola en el banco. El guion sigue siendo de telenovela con final aplazado: gobierno de transición, elogios desde el norte, reloj constitucional pitando y una promesa de urnas que viaja en modo “cuando el país diga basta de ensayos”. Mientras tanto, el pueblo espera, la oposición anota fechas y Trump parece más interesado en que el motor siga en marcha que en ponerle fecha al siguiente pitido de las casillas.

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