La presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo una reunión de lo más pintoresca con el expresidente colombiano Gustavo Petro. Mientras ella esperaba una charla seria sobre geopolítica, él llegó con el guion de una película de ciencia ficción bajo el brazo, listo para promocionar su próximo libro y, de paso, salvar a México de un futuro con robots malvados.
Un día antes, en Ciudad Universitaria, Petro se había puesto su sombrero de profeta del desastre. Ante un auditorio lleno de estudiantes, probablemente esperando una charla de economía, lanzó la exclusiva: “¡México está en peligro!”. Al parecer, un ejército de algoritmos y un “tecnofascismo” salido de una novela de Philip K. Dick se prepara para manipular las elecciones de 2027. Citó casos en Colombia, Perú y Chile, como si estuviera enlistando las secuelas de su saga apocalíptica, donde bots monitoreados por el Departamento de Estado de EE.UU. son los villanos principales. Suena a que alguien vio *Terminator* demasiadas veces.
Frente a este torbellino de pánico digital, la presidenta Sheinbaum reaccionó con la calma de quien escucha a su sobrino explicarle el final de una serie. Tras la exposición de Petro sobre conspiraciones y cíborgs electorales, ella simplemente le recordó la abrumadora realidad: en México, una “gran mayoría del pueblo” respalda a su gobierno. Básicamente, le dijo que aquí la gente vota con credenciales, no con teclados poseídos, y que los resultados son bastante claros.
Como gesto de buena voluntad, Sheinbaum incluso le ofreció una tribuna en el Instituto de Historia para que compartiera sus fascinantes teorías. Petro, quizás dándose cuenta de que su apocalipsis no vendía bien en un país con los pies en la tierra, declinó amablemente la oferta y decidió continuar su gira del fin del mundo en otro lado.





