El Estadio Banorte se prepara para albergar del 7 al 9 de agosto las semifinales y final del Campeonato CONCACAF Sub 20, un torneo que sirve como boleto directo a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. El evento llega con la discreción de un secreto de estado, ya que muchos aficionados aún ignoran qué selecciones participarán y cómo adquirir entradas, a pesar de que los cuartos de final se juegan esta semana en Puebla y la BUAP.
Los boletos resultan accesibles en la plataforma Fanki: 223 pesos para las semifinales y 335 para la final, cifras que contrastan con los precios del Mundial 2026. La venta general suele habilitar solo la parte baja del estadio, creando la ilusión televisiva de un lleno total mientras las gradas superiores permanecen casi vacías. El proceso de compra exige revisar datos antes de confirmar y guardar el correo de confirmación, como si se tratara de un ritual burocrático para entrar a un concierto clandestino.
México podría enfrentar a Panamá en cuartos y, de avanzar, repetir escenario en el Azteca para buscar el pase. Solo el campeón obtiene clasificación directa, salvo que Estados Unidos llegue a la final, en cuyo caso el subcampeón también clasificaría. Tras fallar en París 2024, la selección mexicana busca regresar a la justa olímpica con un plantel que enfrenta la presión de un torneo donde la difusión brilla por su ausencia.
El contraste entre la importancia del clasificatorio y la escasa promoción genera un ambiente de torneo fantasma. Los aficionados que logren comprar entradas presenciarán un espectáculo donde cada gol cuenta doble por el sueño olímpico, mientras el resto del país se entera por casualidad de que el fútbol juvenil vuelve a disputar su futuro en un estadio que promete más emoción que publicidad.




