A pesar de las fuertes presiones, sanciones y amenazas de Donald Trump, América Latina sigue fortaleciendo sus lazos con China, su principal socio comercial. La estrategia de Washington para aislar a Pekín está produciendo el efecto contrario.
En más de un año de mandato, Trump ha usado intervenciones en Venezuela, guerras arancelarias, presiones sobre el Canal de Panamá y amenazas a Cuba para contener la influencia china. Sin embargo, el comercio bilateral crece: Brasil aumentó sus exportaciones a China más del 25% en 2026, mientras caían las ventas a EE.UU. Incluso Argentina, aliado de Washington, registró un alza del 86%.
La presencia china es cada vez más visible: el metro de Bogotá opera con tecnología china, Santiago tiene flota de autobuses eléctricos del gigante asiático y marcas como BYD y Chery captan casi el 30% del mercado automotor regional.
Expertos indican que EE.UU. exige exclusividad sin ofrecer alternativas, mientras China invierte en infraestructura y comercio mutuamente beneficioso. La mayoría de los gobiernos latinoamericanos prefieren no confrontar a Pekín, consolidando mayor autonomía regional.


