La Unión Europea alcanzó un récord histórico en las importaciones de gas natural licuado (GNL) procedente del proyecto ruso Yamal durante el primer semestre de 2026, pese a que Bruselas mantiene su plan de prohibir este tipo de suministros a partir del 1 de enero de 2027. Según datos de la consultora Kpler, el bloque adquirió 9,89 millones de toneladas de GNL, un incremento del 18 % respecto al mismo periodo del año anterior, absorbiendo prácticamente toda la producción de la planta operada por la empresa rusa Novatek.
Francia encabezó las compras con 3,6 millones de toneladas, seguida por Bélgica con 2,9 millones y España con 2,7 millones. De acuerdo con estimaciones del grupo ambiental Urgewald, estas importaciones alcanzaron un valor cercano a los 6.000 millones de euros. Mientras tanto, las exportaciones de Yamal hacia Asia se desplomaron un 74 %, ya que Europa concentró la mayor parte de la demanda.
El aumento de las compras coincide con un escenario de creciente presión sobre el mercado energético europeo. La reducción del suministro ruso por gasoducto, la dependencia del GNL estadounidense —más costoso—, la interrupción parcial de los envíos desde Catar por la crisis en Oriente Medio y una intensa ola de calor han elevado el consumo de energía. Francia, por ejemplo, tuvo que retirar más de 200 millones de metros cúbicos de gas de sus reservas subterráneas para cubrir la demanda de aire acondicionado.
Ante este panorama, diversos expertos del sector energético han pedido a Bruselas aplazar la prohibición del GNL ruso. Iván Jiménez, director del puerto de Bilbao, uno de los principales centros europeos de importación de gas natural licuado, advirtió que eliminar completamente el suministro ruso podría hacer que la Unión Europea dependa en exceso del gas procedente de Estados Unidos, incrementando los costos y reduciendo la seguridad energética del bloque.




