Indonesia le manda a Malasia el ‘regalito’ de una parrillada tóxica y desata el caos

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En una demostración de afecto vecinal que ni Caín le habría hecho a Abel, Indonesia decidió compartir generosamente el humo de sus incendios forestales con Malasia. El resultado es una gigantesca nube tóxica que ha convertido la isla de Borneo en el cenicero del sudeste asiático, obligando a las autoridades a declarar el estado de emergencia, que es la forma elegante de decir: «¡Sálvese quien pueda y no respiren muy profundo!».

El rey de Malasia, que al parecer se cansó de desayunar con sabor a llanta quemada, autorizó la medida después de que el índice de contaminación del aire superara el nivel de «apocalipsis inminente». La escala considera «peligroso» un valor de 300, pero en Serian llegaron a 500, un número que usualmente solo ves en la cuenta del restaurante después de invitar a tus suegros. Como consecuencia, solo funcionarán los servicios esenciales, lo que significa que puedes ir al hospital a tratar tu enfisema, pero olvídate de ir al cine a ver la última película de superhéroes.

Para combatir este desastre atmosférico, el gobierno ha puesto en marcha un plan digno de un coyote tratando de atrapar al correcaminos: la siembra de nubes. Básicamente, le están lanzando cosas al cielo para obligarlo a llorar sobre el incendio, una técnica tan confiable como pedirle a tu compadre que te devuelva el dinero que le prestaste. Mientras tanto, casi 650 colegios han sido cerrados, porque al parecer el humo tóxico afecta el aprendizaje de las tablas de multiplicar.

Los expertos, esos aguafiestas que siempre tienen la razón, señalan que el fuego es cortesía de la deforestación y la quema para plantar palma aceitera. Es decir, están cambiando un ecosistema vital, hogar de orangutanes, por un ingrediente para que tus galletas sean más crujientes. Los orangutanes, por su parte, ya están buscando la forma de pedir asilo político en un zoológico con aire acondicionado.

Y para rematar este cuadro surrealista, la lucha contra las llamas está en manos de bomberos voluntarios armados con una motobomba, un par de mangueras y la fe de un mártir. Uno de ellos declaró que su equipo «no es suficiente», lo cual es el eufemismo del año para decir que están tratando de apagar el infierno con una pistola de agua. ¡Un aplauso para estos héroes, que arriesgan el pellejo mientras los responsables cuentan billetes en una oficina con purificador de aire

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