La isla acaba de sufrir su sexto apagón nacional del año, como si el sistema eléctrico fuera un viejo Fiat que se cala cada vez que le da la gana. Una oscilación de frecuencia, dicen los técnicos, y ¡pum!, todo el país a oscuras otra vez. La Unión Eléctrica, con cara de quien ya ni se molesta en disculparse, anunció que el sistema colapsó por completo, como un dominó de termoeléctricas oxidadas que llevan más años funcionando que el propio Fidel en sus discursos.
Siete provincias siguen con “afectaciones elevadas”, que en buen cubano significa que te toca vivir a la luz de las velas como en 1950. En La Habana solo el 27 % tiene electricidad. El resto se cocina a fuego lento bajo el calor de verano, durmiendo en balcones porque dentro del apartamento parece un horno de leña. Mayra Rodríguez, contable de 43 años, resumió la situación con la elegancia de quien ya no aguanta más: “Desde el viernes solo tuve hora y media de luz, no hay agua, no hay vida”. Literalmente. Sus hijos duermen al aire libre porque el ventilador es un recuerdo lejano.
Los cubanos responden como pueden: quemando basura en las calles o golpeando cacerolas como si participaran en un concierto de protesta improvisado. Carlos Dueñas, mecánico de 62, lo definió sin rodeos: “Esto es insostenible y nadie dice cuándo va a mejorar. Los que pueden se compran paneles solares; los demás, a resistir como en los tiempos del Período Especial versión 2.0”.
El gobierno culpa al bloqueo de Estados Unidos, que según La Habana solo ha dejado pasar un tanquero ruso con crudo en siete meses. Washington responde que el problema es mala gestión interna, como si las plantas de más de cuarenta años de antigüedad fueran un detalle menor. Mientras tanto, las sanciones se endurecen, las divisas desaparecen y los cubanos siguen contando las horas de luz como si fuera un lujo de ricos.
Resumen del día: seis apagones nacionales, termoeléctricas jubiladas que siguen trabajando por inercia, y un país entero aprendiendo a vivir sin electricidad como si fuera una nueva dieta obligatoria. Bienvenidos a la isla donde la única cosa que nunca falla es el calor y la paciencia de la gente.




