La sede de la Comisión Europea en Bruselas quedó envuelta en una nueva controversia después de que, en plena ola de calor, se suspendiera el aire acondicionado en las plantas donde trabajan miles de empleados, mientras las oficinas de la presidenta Ursula von der Leyen y otros altos funcionarios continuaron con climatización.
La medida provocó indignación entre trabajadores, algunos de los cuales compararon la situación con un «feudalismo» dentro de las instituciones europeas.
Según reportes, cerca de 3.000 empleados del edificio Berlaymont recibieron un aviso informándoles que el sistema de refrigeración sería apagado en las plantas inferiores debido a las condiciones climáticas extremas.
Sin embargo, la restricción no afectó los pisos superiores, donde se encuentran los despachos de los principales comisarios europeos. La decisión coincidió con una de las olas de calor más intensas registradas en Bélgica en las últimas cinco décadas.
La polémica se desarrolla mientras Europa enfrenta temperaturas históricas que ya están dejando consecuencias humanas. En Francia, las autoridades sanitarias informaron alrededor de mil muertes adicionales en menos de una semana debido al calor extremo, afectando principalmente a personas mayores de 65 años.
Hospitales, funerarias y servicios públicos trabajan bajo fuerte presión, mientras las temperaturas también superaron los 41 grados en Alemania y la República Checa.
El episodio vuelve a colocar a Von der Leyen bajo el escrutinio público tras otras controversias que han marcado su gestión, como el denominado «Pfizergate» y las críticas por el uso de aviones privados durante su mandato.
Al mismo tiempo, el debate sobre la respuesta europea frente al cambio climático y la preparación de las instituciones para fenómenos extremos gana fuerza, en medio de crecientes cuestionamientos sobre la gestión política de la crisis climática.




