¡25 estados demócratas demandan a Trump porque sus aranceles parecen rabietas de niño rico con juguetes nuevos!

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Veinticinco estados gobernados por demócratas se han lanzado a los tribunales contra el gobierno federal porque consideran que las nuevas tarifas de entre el 10% y el 12,5% que impuso Donald Trump a 60 socios comerciales son un invento que se le fue de las manos. Según ellos, el pretexto de “combatir el trabajo forzado” en las cadenas de suministro es tan creíble como decir que el perro se comió la tarea cuando en realidad el perro ni siquiera estaba en casa.

Todo empezó cuando Trump anunció estos aranceles generalizados tras una investigación exprés de la oficina comercial. Los estados responden que no hay relación lógica entre el problema real del trabajo forzado y ponerle impuestos a medio mundo como si estuviera repartiendo multas de tránsito en una avenida saturada. Ya antes la Corte Suprema le había tumbado una ronda anterior de tarifas, Trump las cambió por un gravamen global del 10% que expiró en julio y ahora sacó estos nuevos como si fuera un mago sacando conejos de la chistera, pero con impuestos en vez de animales.

Los demandantes aclaran que están totalmente en contra del trabajo forzado, pero que usar ese tema como excusa para seguir con el “esquema arancelario ilegal” es como invocar la dieta cuando en realidad solo quieres pedir otra pizza. Dicen que las investigaciones fueron apresuradas y llenas de prejuicios desde el primer día, como cuando un suegro decide que el yerno es culpable antes de que abra la boca.

Trump, por su parte, sigue defendiendo que los socios comerciales se han aprovechado de Estados Unidos y que los aranceles son la forma de negociar nuevos tratos, como si el comercio mundial fuera una partida de póker en la que él siempre lleva las cartas marcadas. Mientras tanto, los 25 estados demócratas ya están preparando sus documentos legales, los socios comerciales miran con cara de “otra vez no” y el resto del mundo se pregunta si esta vez los aranceles durarán más que un helado en pleno verano.

Al final, la demanda parece más un capítulo de telenovela política que un asunto serio: Trump lanza tarifas como confeti, los estados demandan como si fueran vecinos que se quejan del ruido, y el trabajo forzado se queda en el fondo como el invitado incómodo que nadie quiere mencionar en la fiesta. Porque en este circo arancelario, lo único que sobra son excusas, demandas y la sensación de que alguien, en algún lugar, ya está preparando la siguiente ronda de impuestos disfrazados de buena intención.

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