A pesar del deterioro en el mercado laboral de Estados Unidos, el flujo de remesas hacia México se ha mantenido relativamente estable, mostrando una resistencia mayor a la esperada por analistas. Este comportamiento ocurre incluso en un contexto de menor empleo entre migrantes mexicanos, lo que en teoría debería impactar directamente los envíos de dinero.
De acuerdo con datos del Banco de México, las remesas registraron una ligera caída anual de 1.4% en enero de 2026, al ubicarse en 4 mil 594 millones de dólares. Sin embargo, el descenso ha sido moderado considerando el aumento del desempleo entre trabajadores mexicanos en territorio estadounidense.
Especialistas señalan que, aunque menos personas tienen empleo, quienes conservan sus trabajos han incrementado el monto de los envíos para sostener a sus familias. Además, factores como el tipo de cambio y la inflación han influido en el valor real de las remesas, lo que compensa parcialmente la reducción en el número de operaciones.
Las remesas continúan siendo un pilar para millones de hogares en México, por lo que su estabilidad resulta clave para el consumo interno. No obstante, persisten riesgos asociados a políticas migratorias y a la evolución del empleo en Estados Unidos, lo que podría afectar estos flujos en los próximos meses.



