Las seis refinerías que integran el Sistema Nacional de Refinación operan actualmente con mezclas de petróleo distintas a aquellas para las que fueron diseñadas. Especialistas advirtieron que los crudos Istmo y Maya, utilizados durante décadas como base de las operaciones, prácticamente desaparecieron de la producción nacional y fueron sustituidos por variedades más pesadas y complejas.
Originalmente, las plantas fueron construidas para procesar crudo Istmo y posteriormente adaptadas a una combinación de 70 por ciento Istmo y 30 por ciento Maya. Actualmente reciben principalmente petróleo Maloob, acompañado de crudos ligeros como el Olmeca, además de mezclas elaboradas con producción de Ayatsil y condensados.
La nueva composición contiene más residuos pesados y azufre, lo que dificulta la obtención de combustibles de mayor valor. De acuerdo con especialistas, las refinerías producen entre 8 y 10 por ciento menos diésel que cuando procesaban crudo Maya, mientras aumenta la generación de combustóleo y el riesgo de interrupciones no programadas.
Ante esta situación, expertos recomendaron a Petróleos Mexicanos replantear la alimentación de sus instalaciones y considerar la importación de crudos ligeros. Esta alternativa permitiría mejorar el rendimiento de gasolinas, diésel y turbosina, reducir emisiones contaminantes y elevar la confiabilidad y rentabilidad del negocio nacional de refinación.


