La Copa Mundial de 2026 llenó estadios y movilizó a millones de aficionados en México, pero su impacto resultó insuficiente para modificar la trayectoria de una economía debilitada. Especialistas señalaron que los 13 partidos disputados en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey generaron beneficios temporales, concentrados principalmente en turismo, restaurantes, transporte y entretenimiento.
Las estimaciones económicas fueron reducidas conforme avanzó el torneo. Banamex calculó una derrama cercana a dos mil millones de dólares, equivalente a alrededor de 0.1 por ciento del producto interno bruto. Deloitte estimó la creación de más de 100 mil empleos temporales, aunque la cifra quedó 10 por ciento debajo de su previsión inicial.
El desempeño fue desigual entre sectores y ciudades. BBVA reportó una caída mensual de 10.5 por ciento en el gasto hotelero y de 4.9 por ciento en restaurantes durante junio, mientras el entretenimiento creció 16.5 por ciento. Además, la mitad de los establecimientos restauranteros registró ventas inferiores a las de una semana habitual.
Economistas advirtieron que el torneo sólo representó un estímulo pasajero y no una transformación estructural. Consideraron que el principal factor para reactivar la actividad seguirá siendo la certidumbre sobre la revisión del T-MEC, debido a que numerosas empresas mantienen inversiones detenidas mientras esperan señales claras sobre la relación comercial con Estados Unidos y Canadá.




