Como ese amigo que siempre te pide dinero pero nunca te dice para qué, MercadoLibre acaba de regresar a los mercados internacionales con la mano extendida. El gigante del comercio electrónico, que ya es dueño de media Latinoamérica, decidió que necesitaba la módica suma de mil millones de dólares. La excusa oficial para semejante dineral fue para “fines corporativos generales”, la respuesta más vaga desde que tu pareja te dijo “tenemos que hablar”.
Así que ahí los tienen, colocando bonos que no vencerán hasta el 2036, una fecha tan lejana que para entonces seguro los paquetes serán entregados por drones con ansiedad. Es la tercera vez que la empresa sale a pedir un préstamo de este calibre, demostrando que su apetito por el dinero ajeno es más grande que el ego de un político en campaña. Al parecer, ser el rey de las compras en línea en 18 países no es suficiente para pagar las cuentas.
La verdad es que la compañía está en plena racha, con treinta trimestres seguidos creciendo más del 30%, una hazaña que ni tu panza después de las fiestas de fin de año. Todo este nuevo capital irá directo a mejorar su logística y a inflar todavía más a su hijito financiero, Mercado Pago. Su plan es tan simple como ambicioso: no solo quieren traerte el paquete a tu puerta, sino también quedarse con el dinero que tenías en la billetera.
A pesar de su éxito, las agencias calificadoras de crédito los miran con desconfianza, como suegra a yerno nuevo. Le dieron la calificación más baja dentro del “grado de inversión”, que en español simple significa: “Confiamos en ti, pero no tanto, así que no te pases de listo”. Básicamente, le dicen que aunque es el líder indiscutible, está gastando más rápido que un famoso recién divorciado.
Para lograr esta movida financiera, necesitaron un ejército de bancos como JPMorgan, Goldman Sachs y Santander, casi como si estuvieran planeando el robo de un casino en lugar de una simple emisión de deuda. Y como las malas costumbres se pegan, otras empresas de la región, como la petrolera argentina YPF, ya salieron corriendo a pedir sus propios préstamos millonarios.
Al final del día, MercadoLibre tiene mil millones de dólares frescos para sus misteriosos “fines corporativos”. Con esa cantidad, bien podrían estar construyendo una oficina en la Luna o simplemente asegurarse de que a sus directivos nunca les falte papel para encender sus puros. Solo el tiempo, y sus próximos informes financieros, lo dirán.



