Resulta que la inflación general en México se puso más lenta que el camión en hora pico del periférico, alcanzando un 3.12 por ciento anual, la cifra más baja desde mayo de 2020. El Inegi soltó que el aumento mensual del índice apenas llegó al 0.03 por ciento, un brinco tan chiquito que no se veía desde 2013, dejando al indicador dentro de la meta del Banco de México como si el país hubiera decidido portarse bien por una vez.
El empujón principal vino del componente no subyacente, que bajó como el precio del aguacate cuando hay sobreproducción en Michoacán. Los productos agropecuarios y energéticos se dieron una tregua, recordando que hasta la luz y el jitomate pueden tener piedad de vez en cuando.
Mientras tanto, la inflación subyacente siguió bajando hasta 3.95 por ciento anual, hilando ya seis meses de moderación, con un aumento mensual de solo 0.23 por ciento. Parece que hasta los precios más tercos decidieron tomarse un descanso, aunque nadie sabe cuánto durará antes de que vuelvan a subir como la cuenta del súper cuando uno se descuida.
Al final, México respira un poco más tranquilo, pero todos saben que la inflación es como la suegra: puede calmarse un rato, pero nunca se va del todo.




