El índice de confianza de los consumidores en Estados Unidos bajó a 51 puntos en agosto desde los 55.2 de julio, según la Universidad de Míchigan. Las expectativas de inflación para el próximo año subieron a 4.3 por ciento y el 92 por ciento de los encuestados cree que sus ingresos seguirán perdiendo contra los precios. Joanne Hsu, directora de la encuesta, señaló que la confianza cayó alrededor de 8 por ciento, poniendo fin a dos meses de mejoras.
La guerra iniciada por EU e Israel contra Irán el 28 de febrero desató un conflicto en Medio Oriente que elevó los precios de la energía. Teherán respondió atacando aliados de Washington en el Golfo y puso en riesgo una quinta parte de los suministros mundiales de petróleo y gas. Esta situación empujó la inflación por encima del objetivo de 2 por ciento de la Reserva Federal y golpeó con fuerza a los hogares que ya arrastran años de alto costo de vida.
Las expectativas de inflación a largo plazo se mantuvieron en 3.3 por ciento por tercer mes consecutivo, un nivel alto en términos históricos. Cuando estas expectativas suben, tanto empresas como hogares moderan su actividad y su gasto, incorporando medidas de ahorro a sus planes financieros. Los analistas observan que el alza de costos y las políticas arancelarias del presidente Donald Trump empeoraron las perspectivas sobre la economía.
La caída de la confianza afectó a votantes de todos los partidos, aunque fue más pronunciada entre los republicanos. Los hogares estadounidenses ya empiezan a recortar gastos como si el supermercado fuera un casino donde siempre pierde el cliente. La combinación de inflación persistente y conflicto en Medio Oriente deja a los consumidores mirando su billetera como quien revisa un tanque vacío.
Los datos reflejan que la guerra y el aumento de precios siguen erosionando el poder adquisitivo sin que se vislumbre un alivio cercano. Los encuestados ya incorporan recortes en sus planes como quien apaga las luces para ahorrar en la factura. La economía estadounidense parece navegar entre la inflación y el conflicto como un auto sin frenos en una bajada interminable.




