Trump recorta los simulacros con Seúl para no molestar a su pana Kim

Must read

El presidente Donald Trump decidió bajarle el volumen a los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur justo cuando ya tenían las botas puestas y el café servido. Según él, esos ensayos mandan una señal “inapropiada y hostil” hacia su buen amigo Kim Jong Un, ese líder al que trata como si fueran compadres de parroquia que se reúnen a tomar algo y hablar de cohetes.

Las maniobras, bautizadas Ulchi Escudo de Libertad (nombre que suena a superhéroe de segunda que nadie invitó a la fiesta), siguen adelante “según lo planeado”, aclaró el Ministerio de Defensa surcoreano con la entusiasta emoción de quien anuncia que el elevador sigue funcionando. Trump, desde su plataforma Truth Social, soltó el domingo que no solo son caros, sino que parecen una cachetada diplomática a Corea del Norte, país que —según su versión— se ha portado más respetuoso que un sobrino en Navidad desde que él volvió al poder en 2025.

Y de paso le clavó un dardo a Seúl: contó que les ofreció unirse a la desnuclearización de Irán y le respondieron con un “no, gracias” digno de quien rechaza la tercera ronda de tacos porque ya está hasta el gorro. Las maniobras duran once días y sirven para practicar cómo defenderse del vecino del norte, ese que de vez en cuando lanza un misil al mar de Japón como quien tira un cohete de feria para llamar la atención.

Trump hasta subió una foto vieja de 2019 abrazado con Kim, de esas que parecen sacadas del álbum familiar de “líderes que un día se caen bien”. Como ya era tarde para cancelar la fiesta de balas de fogueo, le ordenó al secretario de Defensa, Pete Hegseth, que las “redujera sustancialmente”. O sea: menos humo, menos ruido y más cara de “estamos aquí de visita, no de invasión”.

El coronel Ryan Donald, portavoz del comando combinado, explicó que igual van a simular combates contra soldados norcoreanos, ahora más fogueados gracias a sus vacaciones pagadas en la guerra de Ucrania del lado ruso. Mientras tanto, la oficina presidencial surcoreana sonríe con dientes apretados y dice esperar que la química entre Trump y Kim sirva para retomar el diálogo, como esos matrimonios que pelean a gritos pero luego se van de luna de miel.

Analistas locales advierten que recortar los ensayos es como quitarle ruedas al triciclo de la alianza: daña la coordinación, atrasa el momento en que Corea del Sur cargue más con su propia defensa y deja la disuasión más floja que chicle masticado. Pyongyang, por su parte, ya había gruñido el jueves y hasta mandó un misil de protesta, porque para ellos estos ejercicios son un ensayo general de invasión con palomitas incluidas.

Estados Unidos mantiene por ahí unos 28.500 soldados de adorno permanente, recuerdo viviente de una guerra que terminó en armisticio y no en tratado de paz, o sea, en empate técnico eterno. Las críticas repetidas de Trump a aliados históricos tienen a medio Asia rascándose la cabeza y preguntándose si el paraguas de seguridad yanqui sigue abierto o ya se lo llevó el viento.

China, siempre tan elocuente, se limitó a decir que “ha tomado nota”. Y en Taiwán, donde dependen de ese mismo paraguas, el presidente Lai Ching-te ya prepara un gasto récord en defensa de más de 35.000 millones de dólares para 2027, por si acaso el vecino del continente decide que la isla es suya y no admite discusiones. En resumen: Trump prioriza la bromance con Kim, Seúl finge que todo está bajo control y el este de Asia se acomoda en la silla para ver si la película termina en diálogo o en fuegos artificiales de verdad.

More articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img

Latest article