JPMorgan avisa que la fiesta en Colombia se acabó y ahora toca pagar los platos rotos

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Resulta que Colombia andaba de juerga, con el peso más fuerte que nunca y la bolsa subiendo como la espuma en una cerveza mal servida. Pero como siempre, llegó el vecino amargado a aguar la fiesta. En este caso, el vecino se llama JPMorgan y vino a recordarles a todos que después de la rumba, viene la cruda realidad y, sobre todo, la cuenta por pagar.

El banco de inversión, que antes le había echado porras al gobierno con un plan llamado T.I.G.R.E., ahora se pregunta si ese tigre tiene garras o es solo un gatito con rayas pintadas. La preocupación es que toda esa charla bonita sobre comercio, inversión y crecimiento se quede en eso, en pura palabrería. La economía, que venía con un impulso digno de corredor de cien metros, parece que va a empezar a caminar más lento que una tortuga con reumatismo.

Y aquí es donde la cosa se pone fea, como telenovela de las nueve. JPMorgan pronostica que el crecimiento del PIB se desacelerará del 2,5% en 2026 a un anémico 1,7% en 2027. La inflación seguirá siendo ese pariente incómodo que no se quiere ir de la casa, proyectándose en 6,5% para finales de 2026. Para rematar, el Banco de la República mantendrá la tasa de interés en un doloroso 12%, haciendo que pedir un crédito sea más caro que un boleto para ver a Messi.

La parte más cómica y triste de la historia es que, aunque la bolsa colombiana subió casi un 100% el último año, parece que nadie se enteró fuera del país. De 55 de los fondos de inversión más grandes del mundo, la friolera de 47 tienen cero, sí, CERO pesos invertidos en Colombia. Básicamente, el país fue el anfitrión de una fiesta espectacular a la que no fue invitado casi nadie.

A pesar de todo, hay una luz al final del túnel, o al menos eso dicen. El peso colombiano se mantiene musculoso gracias al «negocio redondo» de su altísima tasa de interés, que atrae capital extranjero como un puesto de tacos a la salida del bar. Además, JPMorgan ve con buenos ojos a Ecopetrol, la joya de la corona, considerándola la mejor apuesta para el futuro energético del país, como si fuera el único jugador estrella en un equipo de cojos.

En resumen, la evaluación de JPMorgan es como la de un padre a su hijo adolescente después de una fiesta descontrolada: estamos orgullosos de que te hayas divertido, pero ahora vas a limpiar todo este desastre. La visión a largo plazo es positiva, pero el corto plazo estará lleno de retos, ajustes y la siempre presente posibilidad de que todo se vaya al traste. ¡Bienvenidos a la economía para adultos

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