La economía de Estados Unidos está que arde y a Wall Street le da el patatús

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Resulta que la economía gringa, en un giro digno de telenovela, decidió contratar a 162,000 personas más de lo que los genios con calculadora esperaban. ¿La reacción? Wall Street entró en pánico, como si le hubieran anunciado que el bar libre se había acabado justo cuando llegaba su turno. Los principales índices bursátiles se fueron de bruces, demostrando que las buenas noticias para el ciudadano de a pie son el apocalipsis para los que viven de mover numeritos en una pantalla.

Este inesperado arranque de productividad laboral le metió prisa a la Reserva Federal, que ahora ve con más del 60% de probabilidad la necesidad de subir las tasas de interés este mismo mes. Es la clásica jugada de «nadie se puede estar divirtiendo tanto sin que cueste más caro». La Fed, en su papel de aguafiestas oficial, anunciará el 16 de septiembre si le sube el volumen al regaño financiero para enfriar la economía, no vaya a ser que la gente se acostumbre a tener dinero en el bolsillo.

Pero no crean que en la Fed están todos de acuerdo, ¡qué va! Esto parece más una junta de vecinos que un banco central. Por un lado, Beth Hammack ya sacó el látigo y dice que «es hora de actuar», mientras que Christopher Waller prefiere esperar a ver si la inflación se porta mal de verdad. Mientras tanto, John Williams mira los datos con la misma alegría de quien encuentra un billete en un pantalón viejo, calificando las cifras de «alentadoras».

Y para añadirle más sabor al caldo, el expresidente Donald Trump, desde su palco personal, le gritó al banco central que deje de hacerse el interesante y que baje las tasas. Según su lógica, más empleos deberían ser motivo de fiesta y cohetes, no de caras largas y castigos financieros. Básicamente, le está pidiendo al árbitro que cambie las reglas a mitad del partido porque no le gusta cómo va el marcador.

Como en todo drama familiar, siempre hay daños colaterales. El oro, que se supone es el refugio de los miedosos, perdió su brillo y cayó como actor de reparto en película de bajo presupuesto. Por su parte, el bitcoin se mareó con tanto sube y baja de expectativas y se tropezó, perdiendo el nivel de los 80,000 dólares que tanto le había costado recuperar. Al parecer, la incertidumbre es la criptonita de los activos digitales y los metales preciosos.

Así que ahora todo el mundo está con el alma en un hilo, esperando los datos de inflación de la próxima semana como quien espera el resultado de una prueba de paternidad. Esos numeritos decidirán si la Fed nos aprieta el cinturón o nos deja respirar un poco más. En resumen, la economía funciona como la vida adulta: si algo parece ir demasiado bien, probablemente estés a punto de pagar por ello.

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