Gigantes tecnológicos gringos se endeudan por la IA como ludópatas en Las Vegas

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¿Recuerdas cuando invertir en las grandes tecnológicas era más seguro que guardar el dinero bajo el colchón? Pues parece que esos días se están acabando más rápido que la batería de un celular barato. Las luminarias de Silicon Valley están pidiendo prestado para su fiebre de la inteligencia artificial con tal desenfreno, que los inversionistas ya miran a algunas empresas de mercados emergentes como si fueran la abuelita confiable que siempre te da dinero para tu cumpleaños.

La obsesión por la IA ha llevado a estas compañías a endeudarse por más de 600.000 millones de dólares. Con esa cantidad de dinero, podrías comprar una isla privada para cada uno de tus amigos de Facebook y todavía te sobraría para un par de yates. El problema es que esta fiesta de préstamos, que podría llegar a billones de dólares para 2030, está haciendo que sus bonos se vean tan atractivos como un plato de lentejas frías.

El resultado es tan absurdo que ya parece un chiste. Por ejemplo, el riesgo de prestarle dinero a la surcoreana SK Hynix es casi idéntico al de prestarle a Amazon, el gigante que sabe hasta cuándo se te acaba el papel de baño. Por primera vez en la historia, la diferencia de riesgo entre los bonos corporativos de Estados Unidos y los de mercados emergentes es tan delgada como la paciencia de un conductor en el tráfico de la ciudad.

La situación se pone más rara que político honesto. Un bono de la china Tencent se valora casi igual que uno de Apple, a pesar de que Apple tiene una calificación crediticia mucho más alta. Y agárrate, porque un bono de la taiwanesa TSMC, que fabrica los chips, se considera más seguro que uno de Meta, que fabrica memes y discusiones familiares. Al parecer, el mercado prefiere apostar por quien produce algo tangible y no por quien intenta venderte un metaverso con avatares sin piernas.

Algunos expertos, con la cara seria, afirman que esto es una oportunidad para comprar bonos gringos mientras están devaluados, como quien compra ropa de invierno en pleno verano. Otros, más precavidos, advierten que esta borrachera de deuda podría terminar en una resaca monumental, con reestructuraciones y dramas financieros. Básicamente, es como si tu amigo el millonario se gastara todo en una máquina para predecir el futuro y ahora tuviera que pedirte prestado para la renta.

Así que, mientras los genios tecnológicos apuestan el rancho a que un robot les escriba la próxima gran novela, los inversionistas astutos empiezan a mirar hacia lugares donde todavía fabrican cosas con tornillos de verdad. ¡Que comiencen los juegos del hambre financiero! El que parpadee pierde.

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