El yen japonés recae peor que un ex tóxico y vuelve a arrastrarse por los suelos

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Justo cuando parecía que el yen japonés había ido a terapia y superado sus problemas, tuvo una recaída monumental y volvió a su estado de drama andante. La moneda nipona se devaluó hasta cruzar la humillante barrera de los 160 por dólar, demostrando que el millonario tratamiento de rehabilitación al que fue sometido sirvió para bien poco. Este nuevo descalabro fue cortesía, otra vez, del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, cuyas declaraciones hicieron que el dólar se pusiera más fuerte que el café de oficina de un lunes por la mañana.

Hay que recordar que a finales de julio, en un acto de solidaridad internacional que no se veía desde 1998, Estados Unidos y Japón se dieron la mano y gastaron la friolera de 96.400 millones de dólares para darle respiración boca a boca al yen. El plan funcionó, pero tuvo la durabilidad de un propósito de año nuevo. Todo ese dineral parece que solo sirvió para comprarle al yen unas vacaciones cortas antes de que volviera a su pasatiempo favorito: perder valor estrepitosamente.

El problema de fondo es tan obvio como un elefante en una cristalería: la abismal diferencia entre las tasas de interés de Japón y las de Estados Unidos. Mientras en EE. UU. te dan un rendimiento decente por tu dinero, en Japón casi tienes que pagar para que te lo guarden. A esto se le suma la pesada deuda del país y el golpe de los precios del petróleo, creando el cóctel perfecto para que los inversionistas huyan del yen como si tuviera la peste.

Ahora los analistas y operadores observan la situación con la misma fascinación morbosa con la que se mira un accidente en cámara lenta. Algunos dicen que las autoridades japonesas, al ver que el yen coquetea con la barrera de los 160, han marcado una «línea roja» y podrían volver a intervenir, como un padre que le quita las llaves del coche a su hijo por segunda vez. Otros creen que serán más pacientes, entendiendo que no se puede luchar contra un dólar que anda con esteroides.

Por lo pronto, todo indica que la única salida real para Japón es dejar de hacerse el valiente y subir sus propias tasas de interés en la reunión de septiembre, una movida que el mercado ya da por hecha en un 80%. Mientras tanto, el gobierno japonés le pide al Banco de Japón que haga algo, lo que sea, para estabilizar la situación. El yen, por su parte, ha demostrado que su recuperación fue tan efímera como la alegría de un pobre en un baile, dejando claro que el dinero no compra la felicidad, ni la estabilidad cambiaria.

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