Constructores colombianos despiertan de una pesadilla de cuatro años para enfrentar un apocalipsis de ladrillos

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Después de pasar cuatro años en el rincón de los castigados, con sus indicadores económicos más deprimidos que un adolescente sin internet, el sector de la construcción en Colombia ha decidido que ya fue suficiente drama. Según Eduardo Loaiza, el gerente de Camacol Antioquia, ahora ven brotes verdes por todas partes, justo a tiempo para la feria de construcción más grande de la región, donde todos ponen su mejor cara de «aquí no ha pasado nada».

El optimismo, al parecer, tiene una explicación casi mística: el cambio de gobierno. Loaiza soltó la frase del millón: «en Colombia hay más plata que proyectos», lo que sugiere que había fortunas enteras aburridas en cuentas bancarias, esperando una señal divina para salir a jugar. Esa señal llegó, y ahora empresas que antes no se atrevían ni a construir un baño, hoy desempolvan planos para sedes corporativas millonarias.

Esta nueva vibra positiva también se siente en las salas de venta, que han visto más gente en el último mes que en todo el semestre anterior. Los colombianos, con la cautela de quien revisa la fecha de caducidad de un yogur, se acercan a preguntar por precios y créditos. Aún no sacan la billetera, pero al menos ya no huyen despavoridos, lo que para el sector es prácticamente una victoria épica tras años de ver salir del mercado a 416 empresas.

Pero justo cuando los constructores empezaban a descorchar la champaña en su glamorosa feria, el universo les recordó que tiene un pésimo sentido del humor: un terremoto devastador. El pequeño detalle de tener que reconstruir medio país, a un costo de 40 billones de pesos, se coló en la fiesta. Hay unas 200.000 viviendas afectadas, un problemita que podría aguarle el trago a cualquiera.

Y aquí es donde la comedia se vuelve tragedia, o al revés. Loaiza advierte que muchas familias, desesperadas, están a punto de levantar los mismos muros que se les cayeron encima, con la misma técnica que falló. «Si se cayó el muro y lo vuelven a hacer igualito, se les va a volver a caer», sentenció, en lo que podría ser el eslogan no oficial de la reconstrucción. Mientras tanto, en Expocamacol se cerraban negocios por más de 2.000 millones de dólares. El optimismo es alto, pero la calidad del cemento casero está por verse.

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