Kevin Warsh apaga la música y los mercados hacen un berrinche de niño rico

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Parece que bastó con que el mandamás de la Reserva Federal, Kevin Warsh, carraspeara en Jackson Hole para que los mercados mundiales se pusieran a llorar en un rincón. Su discurso, más restrictivo que dieta de apio y agua, desató una ola de pánico que mandó a las acciones y al oro de cabeza al suelo. La resaca financiera de Wall Street se contagió a Asia más rápido que un bostezo en una reunión de lunes, y hasta el tecnológico Nasdaq parecía necesitar un abrazo después de la paliza.

El oro, que siempre se creyó la joya de la corona, cayó hasta los 4,430 dólares la onza al darse cuenta de que no paga intereses y, de repente, nadie lo quiere invitar a salir. Mientras tanto, el petróleo Brent, que se alimenta del caos como un gremlin después de la medianoche, se disparó a 90,61 dólares el barril gracias a que en Medio Oriente decidieron volver a jugar a los barquitos de guerra. Ni el bitcóin se salvó del mal humor, perdiendo valor como si le hubieran contado el final de su serie favorita.

El motivo de tanto melodrama es que los operadores, que tienen más nervios que un estudiante antes de un examen final, ahora están apostando con un 62% de probabilidad a que la Fed subirá las tasas en septiembre. Antes del sermón de Warsh, esa cifra era un tímido 34%, lo que demuestra que la confianza del mercado es más frágil que una galleta de agua. El propio Warsh dijo que la inflación no está bajando y que tienen «trabajo por hacer», la frase favorita de los jefes antes de arruinarte el fin de semana.

Pero no todos se tragaron el cuento del lobo feroz monetario. Algunos analistas, como los de Mizuho Securities, creen que Warsh solo está sacando pecho para recuperar su fama de tipo duro contra la inflación. Otros inversores, ya cansados de tanto amague, recuerdan que en junio y julio también amenazó con portarse mal y al final no hizo nada, generando más desconfianza que un político en campaña.

Para rematar el cuadro, la tensión en Medio Oriente añadió más leña al fuego, con Estados Unidos e Irán intercambiando fuegos artificiales de los caros, lo que siempre pone nervioso al precio del petróleo. Entre un jefe de la Fed que juega al misterio y un escenario mundial que parece guion de película de acción, los inversores navegan la semana con la misma certeza que un borracho buscando las llaves en la oscuridad.

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