En un país donde la economía tiene más giros de guion que una serie turca, la Ciudad de Buenos Aires acaba de ser nombrada la alumna estrella de la clase. La calificadora Standard & Poor’s le ha otorgado la nota ‘raAAA’, que en el idioma de los que usan corbata significa que es la entidad con la capacidad más ridículamente fuerte para pagar sus deudas en toda Argentina. Es como ganar el premio al «Empleado del Siglo» en una oficina que está constantemente a punto de declararse en bancarrota.
Los expertos de S&P, después de revisar las cuentas con lupa, básicamente concluyeron que la ciudad porteña es una especie de unicornio fiscal. Mientras otros hacen malabares para llegar a fin de mes, Buenos Aires ha mantenido un superávit constante, manejando sus finanzas con la prudencia de una abuela que guarda el dinero debajo del colchón. Esto le ha permitido acumular un colchón de liquidez tan grande que podrían usar billetes para jugar al Jenga sin despeinarse.
Según sus proyecciones, la ciudad seguirá teniendo un balance positivo del 19,7% en los próximos años, aunque planean darse un gustito y gastar un poco más en obras, lo que generará un déficit mínimo del 0,3%. Es el equivalente financiero a decir: «Ahorré todo el año, me merezco comprar ese televisor gigante». Entre los caprichos se incluyen nuevos vagones de subte, una línea subterránea adicional y otras obras que, con suerte, no terminarán un día antes de las próximas elecciones.
Una de las claves de este milagro es su envidiable autonomía: el 85% de sus ingresos viene de recursos propios, lo que significa que no dependen tanto del humor del gobierno nacional de turno. Cuando les recortaron la coparticipación, la Ciudad actuó como ese hijo independizado que le dice a sus padres: «No se preocupen, yo me las arreglo solo». S&P aplaudió esta resiliencia, que es la forma elegante de decir que sobrevivieron a los recortes sin tener que vender los muebles de la oficina.
Con la plata que tienen guardada, podrían cubrir todos los pagos de su deuda durante los próximos 24 meses, un lujo que suena a ciencia ficción en estas latitudes. Además, acaban de salir al mercado internacional y consiguieron 1.100 millones de dólares como si estuvieran pidiendo un café. Esto les permite refinanciar deudas viejas con nuevas, un juego de «patear la lata para adelante» pero ejecutado con maestría y a tasas más convenientes.
Como era de esperarse, las autoridades porteñas salieron a presumir su boleta de calificaciones con orgullo. El jefe de Gobierno, Jorge Macri, celebró el «orden de nuestras cuentas», mientras que el ministro de Hacienda añadió que tener una buena reputación les permite conseguir mejor financiamiento para obras. En resumen, ser el «nerd» de las finanzas tiene sus ventajas, aunque este nivel de orden y planificación es tan raro que algunos ya están revisando si los funcionarios no son en realidad robots suizos disfrazados.





