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Los inversores extranjeros regresan a los mercados emergentes como un ex que llama borracho

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Los capitales foráneos metieron casi 19 mil millones de dólares en julio en los mercados emergentes, poniendo fin a dos meses de retiradas masivas. La deuda lideró la fiesta con 26 mil 700 millones de entrada, mientras que las acciones solo perdieron 7 mil 800 millones, una hemorragia mucho menor que los 46 mil millones de junio. Los analistas del Instituto de Finanzas Internacionales señalaron que la tensión en las bolsas asiáticas parece estar aflojando en vez de extenderse.

Asia pasó de perder 27 mil millones en junio a ganar 9 mil 300 millones en julio, el mayor giro regional del mes. Las salidas de acciones asiáticas bajaron de 40 mil 500 millones a solo 4 mil 800 millones, mientras la deuda captó 14 mil 100 millones. Ninguna otra zona registró salida neta, aunque China siguió siendo la excepción que confirma la regla.

Los inversores sacaron 3 mil 700 millones de las acciones chinas y 3 mil 400 millones de su deuda, aunque las ventas de acciones se redujeron bastante respecto al mes anterior. Mientras tanto, los emisores soberanos de mercados emergentes colocaron unos 19 mil millones en bonos durante julio, casi el doble del promedio mensual de la última década. Esa emisión récord eleva el total del año a 187 mil millones, la cifra más alta jamás vista en este periodo.

Los rendimientos relativamente altos de la deuda emergente siguen atrayendo dinero como un imán en una fábrica de clips. La renta variable, en cambio, sigue sangrando aunque ya no a chorro, como un grifo que gotea en vez de inundar la cocina. El contraste entre bonos que entran como agua y acciones que salen como si quemaran resulta tan raro como ver a alguien ahorrar en el banco mientras vacía el cajón de los calzoncillos.

Al final, el dinero se comporta como un novio indeciso que vuelve pero sigue revisando el teléfono cada cinco minutos. La deuda celebra su luna de miel mientras las acciones asiáticas intentan recomponerse y China sigue mirando desde la esquina con cara de pocos amigos. Los inversores, por su parte, siguen buscando rendimientos donde los encuentren, aunque sea en mercados que antes les daban dolor de cabeza.

La inflación de Estados Unidos baja ligeramente al 3.4 por ciento en julio

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La subida de precios se calmó un poco en julio, quedando en 3.4 por ciento anual, justo lo que esperaban los analistas. El alivio llegó por la caída de la gasolina tras un alto el fuego temporal en Medio Oriente, aunque el conflicto volvió a encenderse después. El dato mensual subió solo 0.1 por ciento, impulsado sobre todo por los servicios de salud que siguen cobrando como si fueran de oro.

La Reserva Federal decidió no tocar las tasas y esperar, convencida de que este pico de inflación era pasajero. Varios miembros del comité pensaron que la fortaleza del empleo les daba margen para observar sin prisa. Tres de ellos, sin embargo, quisieron subir los tipos de inmediato para golpear más fuerte contra los precios.

Antes de los bombardeos israeloestadounidenses del 28 de febrero la inflación estaba en 2.8 por ciento. Tras el estallido del conflicto con Irán saltó hasta 4.2 por ciento en mayo, como si la economía hubiera recibido un puñetazo directo en el bolsillo. El objetivo del 2 por ciento anual sigue tan lejos como el día en que alguien prometió que todo volvería a la normalidad.

El mercado laboral sigue sólido y con bajo desempleo, lo que da a la Fed la excusa perfecta para no moverse. Mientras tanto, las tasas altas siguen encareciendo créditos y enfriando el consumo, como un aire acondicionado que funciona demasiado bien y deja a todos tiritando. Los consumidores pagan más por la salud y menos por la gasolina, un equilibrio tan absurdo como pagar la hipoteca con cupones de descuento.

Al final, la inflación se comporta como un invitado que dice que se va pero se queda en el sofá comiendo todo lo que hay en la nevera. La Fed observa, mide y espera, mientras los precios de los servicios médicos siguen subiendo como si la salud fuera un lujo de temporada.

Petrobras, inundada en dinero, sale de compras por Latinoamérica y hasta quiere recuperar a su ex

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La presidenta de Petrobras, Magda Chambriard, dio un discurso que, traducido del lenguaje corporativo al de los mortales, significa: «Estamos ganando tanta plata que ya no sabemos dónde meterla, pero diremos que es por el bien de Brasil». La petrolera brasileña anunció una ganancia de 10.400 millones de dólares en solo tres meses, un aumento del 97% que básicamente les permite pavimentar las calles con billetes si quisieran.

Como si no fuera suficiente con su propia fiesta, Petrobras decidió cruzar la frontera para resolverle la vida a Colombia. Resulta que encontraron un yacimiento de gas tan grande en aguas colombianas que podría abastecer al país por más de 10 años. Ahora solo están esperando la autorización ambiental, ese pequeño y tedioso trámite burocrático que se interpone entre ellos y convertirse en los nuevos zares del gas en el vecindario.

Y ya que estaban de paseo, se pasaron por México para coquetear con Pemex. Firmaron un «memorando de entendimiento no vinculante», que en el mundo de las citas corporativas es el equivalente a decir «a ver si un día de estos hacemos algo juntos». Planean colaborar en exploración, refinación y hasta en etanol, un acuerdo tan amplio y vago que parece escrito en una servilleta después de unos tequilas.

Pero la verdadera telenovela está en casa. Petrobras anda con ganas de recomprar la refinería de Mataripe, la misma que vendió en 2021 a un fondo de Abu Dabi. Ahora, como quien extraña a un viejo amor y lo ve triunfando con otro, la quieren de vuelta. Eso sí, la presidenta dejó claro que esperan un «precio adecuado», lo que sugiere que quieren recuperar a su ex, pero sin tener que invitarla a cenar a un lugar caro.

El gran plan de la compañía es producir el 100% del diésel que consume Brasil para la próxima década, preferiblemente con Mataripe de vuelta en sus brazos. Quieren asegurarse de que no les falte combustible, una meta tan ambiciosa que suena a que están preparándose para algún tipo de apocalipsis zombi donde los camiones diésel serán la clave de la supervivencia.

En resumen, Petrobras está como ese amigo que se gana la lotería y de repente se vuelve experto en vinos, coleccionista de arte y filántropo internacional. Están invirtiendo en Colombia, negociando en México y tratando de arreglar sus errores del pasado en casa, todo al mismo tiempo. Una estrategia de expansión que mezcla ambición geopolítica con el síndrome del comprador compulsivo.

Tencent gana dinero a paladas, pero lo quema todo en su nuevo juguete de inteligencia artificial

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El gigante chino Tencent acaba de presentar sus resultados y es como ver a alguien que ganó la lotería pero que se lo gastó todo en estampitas de un álbum que nunca va a completar. La empresa anunció que sus ingresos crecieron un 11%, superando los 30.000 millones de dólares, pero su beneficio neto apenas se movió. Todo el dinero extra se fue directamente a un agujero negro llamado «desarrollo de inteligencia artificial».

La compañía se lanzó a una juerga de compras tan desenfrenada que su gasto de capital se disparó más de un 65% en solo tres meses. ¿En qué se gastaron la plata? En chips y aceleradores de IA, esos componentes carísimos que son el nuevo objeto de deseo de toda empresa tecnológica que se precie. La noticia fue tan «buena» que las acciones de uno de sus principales accionistas se cayeron un 4,4%, una reacción que dice «confiamos en ustedes, pero no tanto».

Mientras tanto, los que realmente traen el pan a la mesa son sus negocios de toda la vida. Los ingresos por videojuegos en China subieron un 17% y las ventas por publicidad un 22%. Es como si los videojuegos y los anuncios fueran los hijos responsables que trabajan para financiar el costoso y experimental proyecto de arte del hermano bohemio, que en este caso es un robot que aprende a pensar.

Para justificar el despilfarro, Tencent presume de sus nuevos juguetes. Están desarrollando un asistente para su superaplicación WeChat, una especie de mayordomo digital que te pide un taxi o te resume los chismes del chat grupal, como un Siri con acento mandarín. También tienen una herramienta de oficina llamada WorkBuddy, que al parecer es la más popular de China, demostrando que al menos alguien está usando esta tecnología para algo más que generar imágenes de gatos con sombreros.

El problema es que los inversionistas están perdiendo la paciencia. La compañía ha perdido unos 170.000 millones de dólares de valor de mercado este año porque el dinero está huyendo hacia empresas que se dedican exclusivamente a la IA. En resumen, Tencent está apostando el futuro de la compañía a que sus robots parlanchines empiecen a generar billetes pronto, antes de que los inversionistas se cansen y se lleven su dinero a otra parte. Una carrera contra el tiempo con sabor a microchip y desesperación.

Nubank se prepara para su examen final en Wall Street y todos tienen las uñas mordidas

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Llegó ese momento del año en que los analistas de Wall Street se sientan a esperar las notas de Nubank con más ansiedad que un estudiante esperando los resultados del examen de admisión. Este jueves, el banco digital más popular de la cuadra revelará sus números del segundo trimestre, y el mercado está al borde de su asiento, esperando otro trimestre de crecimiento que desafía la lógica y la gravedad.

Las expectativas son tan altas que parecen escritas por un guionista de Hollywood. Los pronosticadores de Bloomberg apuestan a que la compañía anunciará ingresos por 5.378 millones de dólares, un 65,6% más que el año pasado, y una ganancia de casi 991 millones. Nubank tiene un historial de superar las expectativas, como ese sobrino que no solo saca buenas notas, sino que además es el capitán del equipo de fútbol y toca la guitarra.

Sin embargo, no todo es un desfile de unicornios y arcoíris. Los analistas, que son expertos en encontrarle la quinta pata al gato, están preocupados por la calidad de los activos. Es decir, cuánta gente está pidiendo prestado y luego se hace la loca a la hora de pagar. La morosidad de larga duración en Brasil ya alcanzó cifras que empiezan a poner nerviosos a los contadores, llegando al 10,5% en préstamos personales y 9,5% en tarjetas.

Para complicar el panorama, está el programa «Desenrola» del gobierno brasileño, una especie de borrón y cuenta nueva para los deudores. Esto podría maquillar los números y hacer que la situación parezca más bonita de lo que realmente es. Los inversionistas miran esto con la misma desconfianza que uno mira un producto «milagroso» de la teletienda, preguntándose qué pasará cuando se acabe el efecto del maquillaje.

El otro foco de atención es México, la nueva y prometedora aventura de Nubank. Aunque ya está generando ganancias, la morosidad también está creciendo más rápido que la maleza, llegando al 6,6%. Es una situación de doble filo: los optimistas ven un crecimiento imparable, mientras que los pesimistas ven una bola de nieve de deudas a punto de convertirse en una avalancha.

Al final, de los 22 analistas que siguen la acción, 18 recomiendan comprarla como si no hubiera un mañana, con un precio objetivo promedio de 17,59 dólares. Así que este jueves, mientras los ejecutivos de Nubank preparan sus diapositivas, en Wall Street tendrán listas dos cosas: las botellas de champán para celebrar o los antiácidos para calmar los nervios.

Wall Street respira aliviado porque la inflación se portó como un niño bueno, por ahora

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Los inversionistas de Wall Street amanecieron este miércoles con una sonrisa de oreja a oreja, como si se hubieran encontrado un billete en un pantalón viejo. La razón de tanta felicidad fue que el informe de inflación de julio salió tan perfecto que parecía hecho a la medida. El sector tecnológico, siempre tan dramático, lideró la celebración, mientras la Reserva Federal, esa figura paterna y estricta de la economía, parece que guardará el cinturón de los castigos, al menos por un mes.

Los números mágicos que calmaron a las fieras fueron un aumento de precios de apenas 0,1% respecto a junio y un 3,4% anual, justo lo que los adivinos del mercado habían pronosticado. La inflación subyacente, que es como la versión descafeinada sin contar alimentos ni energía, igualó su ritmo más bajo desde marzo de 2021. Incluso los alimentos para consumir en casa bajaron, en parte gracias a que el precio de la lechuga se desplomó por un brote de una enfermedad con nombre de villano de película, Cyclospora.

Con este panorama, los operadores de bolsa, que viven en un estado de nerviosismo perpetuo, decidieron que la Reserva Federal no tendrá que subir las tasas de interés en septiembre. Una analista de Goldman Sachs básicamente dijo que estos datos le dan a la Fed la excusa perfecta para quedarse quieta y no arruinarle la fiesta a nadie. El mercado reaccionó como era de esperar: acciones para arriba y bonos del Tesoro felices.

Pero no todo es un campo de margaritas. Mientras todos miraban los precios de la lechuga, el petróleo seguía con su propia telenovela en el estrecho de Ormuz, donde la tensión es más alta que la cuenta del supermercado. Como bien dijo un analista, la Reserva Federal podrá controlar los intereses, pero no tiene ni un solo bote patrullando en Oriente Medio. La cosa está tan movida que hasta un helicóptero estadounidense le disparó misiles a un carguero.

Al final, este respiro de alivio provocó que el dólar se sintiera un poco deprimido y perdiera valor, mientras que el oro se puso sus mejores galas y subió de precio. Las monedas de América Latina, oliendo la oportunidad, aprovecharon para fortalecerse. La moraleja del día es que la economía es un circo donde el precio de una ensalada puede calmar a Nueva York, pero un conflicto a miles de kilómetros puede incendiarlo todo sin previo aviso.

El fondo millonario de Noruega se forra con tecnología y ya no sabe qué hacer con tanto dinero

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Los noruegos, conocidos por sus suéteres abrigados y su calma glacial, acaban de demostrar que también saben cómo hacer dinero a carretadas. Su fondo soberano, una alcancía que haría sonrojar al Tío Rico McPato con sus 2,3 billones de dólares, tuvo su mejor trimestre en seis años. La rentabilidad fue tan alta que probablemente tuvieron que contratar a más gente solo para contar los billetes, logrando un 11,5% de ganancia como si hubieran encontrado un tesoro pirata en el sótano.

La fórmula mágica para este milagro financiero no fue el petróleo, sino la nueva fiebre del oro: la inteligencia artificial. Sus inversiones en acciones tecnológicas se dispararon un 16%, gracias a que son dueños de un pedacito de casi todas las empresas importantes del mundo. Sus tres caballos de carreras principales son Nvidia, Microsoft y Apple, lo que demuestra que apostarle a los nerds de Silicon Valley es el negocio del siglo.

El director ejecutivo, Nicolai Tangen, lo resumió con la emoción de quien pide un café: «los chips impulsan el valor del fondo». Traducido del lenguaje corporativo, esto significa que los pequeños trozos de silicio son la nueva máquina de imprimir dinero, y ellos tienen acciones en la fábrica. Este fondo, creado en los años 90 con las ganancias del petróleo, ahora paga la cuarta parte de las cuentas del país, como ese tío millonario que siempre invita a todos.

Sin embargo, tener tanto dinero invertido en el mismo lugar empieza a poner nerviosos a algunos. El 55% de su fortuna está en Estados Unidos, lo que es como apostar todo tu sueldo al mismo caballo. A pesar de las advertencias sobre el riesgo, el fondo tiene las manos atadas, ya que su trabajo es seguir un índice, no ponerse creativo. Básicamente están sentados en un cohete y solo pueden rezar para que no explote.

Mientras la caja registradora no para de sonar, en Noruega se desató un debate más enredado que un audífono en el bolsillo. Se están preguntando si es ético invertir en empresas implicadas en la guerra de Gaza. Es el clásico dilema del millonario: mientras cuentan sus montañas de dinero con una mano, con la otra se rascan la cabeza preguntándose si son buenos chicos. Un comité está revisando las reglas, probablemente en una reunión muy larga y muy seria.

Y para rematar este cuadro absurdo, la solución que encontraron para vigilar los riesgos éticos es… ¡usar inteligencia artificial! Así es, están utilizando la misma tecnología que los está haciendo obscenamente ricos para que les avise si alguna de sus inversiones se está portando mal. Es el equivalente a contratar al zorro para que diseñe el nuevo sistema de seguridad del gallinero. Una genialidad.

El fondo de acciones colombiano se fue de fiesta a Nueva York y amaneció en su mejor momento

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Parece que el único representante colombiano en Wall Street, un fondo conocido por sus amigos como COLO, se tomó muy en serio lo de vivir el sueño americano. Este miércoles amaneció más arriba que cometa en agosto, alcanzando su precio más alto en un año. Los inversionistas están tan contentos que probablemente ya están planeando cómo gastarse las ganancias en un viaje a Cartagena con todo incluido.

Pero no se confunda, este fondo no es un genio de las finanzas que descubre joyas ocultas. Su estrategia es más simple que el mecanismo de un botijo: se dedica a copiar lo que hacen los niños grandes y ricos de la bolsa colombiana. Su cartera es básicamente una fiesta privada donde solo están invitados los pesos pesados como Grupo Cibest, ISA y Ecopetrol, quienes ocupan casi el 40% de la pista de baile.

Un analista financiero lo explicó con la sutileza de un martillo: el fondo está siendo arrastrado por sus estrellas. Solo Bancolombia, que es parte de Grupo Cibest, representa casi el 26% del total, como ese amigo que no solo paga la cuenta, sino que es el dueño del bar. Así que el éxito del fondo no refleja la economía entera del país, sino el buen humor de un puñado de millonarios.

La composición de este club exclusivo es un reflejo de lo que mueve el dinero de verdad. El sector financiero ocupa un 38,7% del espacio, seguido por los servicios públicos y la energía. Es como una dieta basada exclusivamente en chicharrón, aguardiente y café cargado; puede que te dé un subidón de energía, pero la diversidad no es su fuerte.

Este fondo, que administra unos modestos 198 millones de dólares, es lo que se conoce como un seguidor pasivo, o sea, no piensa, solo imita. Pero vaya que le ha funcionado la técnica, acumulando una valorización del 52,38% en el último año. El mismo analista describió el desempeño de empresas como Grupo Energía Bogotá como «brutal», una palabra que rara vez se usa para describir acciones sin que haya una botella de por medio.

En resumen, el fondo COLO es la forma más fácil para un extranjero de apostar por los gigantes colombianos sin tener que aprender a bailar cumbia. Su éxito demuestra que hay interés internacional, aunque su tamaño en Nueva York sea el de un puesto de arepas en medio de Times Square. Un pequeño pero sabroso bocado de la economía colombiana que está dejando a todos con ganas de más.

Acciones de Super Micro explotan como palomitas de maíz gracias a la fiebre de la inteligencia artificial

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Parece que en Super Micro Computer encontraron la gallina de los huevos de oro, y esa gallina es un robot que piensa. La compañía, que se dedica a vender los cerebros metálicos donde vive la inteligencia artificial, anunció que va a ganar tanto dinero que sus acciones se dispararon más que el corcho de una botella de sidra en Año Nuevo. Los inversionistas están tan felices que probablemente ya están eligiendo el color de su próximo yate.

Los genios de Wall Street, también conocidos como analistas, se quedaron con la boca abierta y cara de no entender nada. Proyectaron que la empresa vendería unos modestos 12.000 millones de dólares, pero Super Micro salió a decir que en realidad esperan entre 14.500 y 15.500 millones. Ni el más optimista de los analistas, que seguramente se tomó tres cafés cargados ese día, se atrevió a soñar con una cifra tan alta.

¿Cuál es el truco mágico? Pues que sus servidores vienen equipados con los cotizadísimos chips de Nvidia, que son básicamente el ingrediente secreto en la receta de la inteligencia artificial. Mientras el director ejecutivo, Charles Liang, daba un discurso corporativo más aburrido que un documental sobre la cría de caracoles, sobre «liderazgo tecnológico y escala de fabricación», la traducción era simple: «vendemos lo que todos quieren y nos estamos forrando».

El mercado reaccionó como un adolescente en un concierto de su banda favorita. Las acciones subieron un 18% en un parpadeo, una noticia espectacular si no fuera porque ya habían subido un 8% en lo que va del año. Esto se suma a que el mes pasado revelaron que tenían pedidos acumulados por más de 60.000 millones de dólares, una cifra que haría llorar de envidia al mismísimo Tío Rico McPato.

Pero no todo es color de rosa en este cuento de hadas tecnológico. Mientras la empresa imprime billetes, uno de sus cofundadores fue acusado de enviar ilegalmente servidores a China, como si fueran contrabando. Además, la fiscalía de Taiwán decidió hacer una visita sorpresa a sus oficinas y se llevó a dos empleados para hacerles preguntas. Un pequeño detalle que ensucia un poco la fiesta.

Al final del día, Super Micro reportó ventas por 11.100 millones de dólares en el último trimestre, demostrando que el negocio va viento en popa. Así que mientras los ejecutivos celebran sus ganancias estratosféricas, parece que también tienen que estar atentos a no tropezar con algún problemita legal en el pasillo. La clásica historia de éxito con un toque de telenovela judicial.

Recaudación en aduanas cae 45 mil 800 millones de pesos pese a repunte de julio

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La recaudación obtenida mediante las aduanas mexicanas acumuló 791 mil 9 millones de pesos entre enero y julio de 2026, informó la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM). El monto representa 45 mil 799.9 millones de pesos menos frente a los 836 mil 808.9 millones registrados durante el mismo periodo de 2025, pese al repunte observado recientemente en los ingresos por comercio exterior.

Tan solo durante julio, las aduanas recaudaron 131 mil 616 millones de pesos, la cifra mensual más elevada en lo que va del año. Este resultado significó un crecimiento de 5.4% respecto al mismo mes de 2025. La ANAM atribuyó la recuperación a una mayor eficiencia operativa y al fortalecimiento de las acciones de fiscalización y combate al comercio ilegal.

El organismo destacó además la eficiencia de sus operaciones: por cada peso destinado a tareas de recaudación se obtuvieron aproximadamente 400 pesos en ingresos. El gasto acumulado fue de 2 mil 7.9 millones de pesos. Durante julio también se realizaron un millón 957 mil 554 operaciones de comercio exterior, el mayor volumen registrado desde enero de 2025.

Nuevo Laredo encabezó la actividad comercial con más de 500 mil operaciones, seguido por Ciudad Juárez y Tijuana. Sin embargo, Manzanillo fue la aduana con mayor aportación a los ingresos nacionales, al concentrar más de 15% de la recaudación total, mientras Nuevo Laredo aportó aproximadamente 14%.