¡A la Fed se le botó la canica! Santander te da el mapa del tesoro para no acabar pidiendo limosna.

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El mundo de las finanzas es un manicomio y la Reserva Federal de Estados Unidos es la directora que cambió los medicamentos por caramelos. Un día dice que todo está bien, y al siguiente amenaza con subir las tasas de interés hasta que tu cartera llore pidiendo piedad. En medio de este caos, aparece el banco Santander, cual superhéroe con traje y corbata, con un plan “infalible” para que no termines usando tus acciones para prender la parrilla del asado.

La estrategia de Santander es más selectiva que portero de discoteca de moda. Recomiendan invertir en “acciones de calidad”, que suponemos son empresas cuyos directivos usan monóculo y beben té con el meñique levantado. Su apuesta principal son los mercados desarrollados, sobre todo Estados Unidos, porque aparentemente la inteligencia artificial y la innovación son la solución a todo, incluso a tu inminente bancarrota. Las acciones gringas cotizan a 19,6 veces sus ganancias, un precio más inflado que el ego de un político en campaña.

Para los que tienen el corazón débil y no aguantan tanta emoción, Santander saca de la chistera la vieja y confiable renta fija. Esto es como prestarle dinero a empresas grandotas (crédito corporativo) con la promesa de que te lo devolverán con un cariñito extra. También le echan flores a la deuda latinoamericana y a los bonos gringos de “alto rendimiento”, que es la forma elegante de decir “préstamos más riesgosos que invitar a tu suegra a vivir contigo, pero que pagan mejor”.

El portafolio de Santander parece un álbum de figuritas geopolítico. Estados Unidos es la estrella del equipo, ocupando hasta el 42% en las carteras más arriesgadas. Europa es esa alternativa para diversificar, como cuando pides una ensalada para acompañar tu hamburguesa doble. A Japón lo ven con buenos ojos porque por fin se acordaron de que los accionistas existen, mientras que a China la miran con más recelo que a un mensaje que empieza con “tenemos que hablar”.

Al final del día, el mensaje es claro: la cosa está tan incierta que hasta las bolas de cristal andan con estática. En Chile, por ejemplo, el mercado ya se pegó una buena fiesta y ahora hay que ser más selectivo para no terminar pagando los platos rotos. La recomendación de Santander es, básicamente, un “agárrate fuerte y reza”, pero dicho con gráficos bonitos y términos complicados para que parezca que tienen todo bajo control. Así que ya sabes, invierte con sabiduría o al menos con la suficiente gracia para contar anécdotas divertidas cuando estés en la ruina.

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