Oracle se inyecta inteligencia artificial y ahora sus bolsillos vomitan billetes

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Cuando todos pensaban que Oracle seguía viviendo en el sótano de sus papás, jugando con bases de datos polvorientas, la compañía salió al sol para demostrar que se metió esteroides de inteligencia artificial. Resulta que su negocio en la nube no solo despertó, sino que lo hizo con la energía de un adolescente que descubre el café y el internet por primera vez, sorprendiendo a propios y extraños que ya le daban por jubilado.

Las ventas de su división de infraestructura en la nube, esa que los genios de Wall Street miran con lupa como si fuera un bicho raro, se dispararon un demencial 121% hasta alcanzar los 7.400 millones de dólares. Los analistas, que con sus corbatas y sus hojas de cálculo esperaban unos modestos 7.190 millones, se quedaron con la cara de quien apostó todo al caballo equivocado en el hipódromo. Parece que sus bolas de cristal necesitan una actualización de sistema urgente.

Para lograr esta hazaña, Oracle se ha puesto a construir centros de datos como si no hubiera un mañana, todo para que OpenAI y otros clientes puedan hacer sus magias de IA. La compañía añadió la friolera de 850 megavatios de capacidad, que es más o menos la energía que necesita una familia para ver todas las temporadas de una telenovela de corrido. Están levantando estas moles de concreto y silicio para que los robots aprendan a conversar y, probablemente, a quejarse del tráfico.

Y como si ganar la lotería no fuera suficiente, la compañía también confesó que terminó de vender 20.000 millones de dólares en acciones, así, como quien vende chicles en un semáforo pero a una escala ligeramente mayor. Con las ventas totales subiendo un 30% hasta los 19.300 millones de dólares, en las oficinas de Oracle probablemente estén usando billetes de cien para hacerse aviones de papel. Los accionistas, por supuesto, están más felices que un niño con tarjeta de crédito ilimitada.

Así que Oracle, el antiguo gigante dormido, ha demostrado que hasta el dinosaurio más viejo puede aprender a usar el patinete eléctrico de la inteligencia artificial si hay suficiente dinero de por medio. Mientras los inversores aplauden hasta con las orejas, el resto de nosotros nos preguntamos cuánto durará la fiesta antes de que la IA se dé cuenta de que puede invertir por sí misma y nos mande a todos a la banca por inútiles.

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