Guerra en Irán se convierte en el inesperado ministro de economía de Argentina

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En un giro de guion más absurdo que telenovela de mediodía, los argentinos se han lanzado a comprar dólares como si fueran el último rollo de papel higiénico en una pandemia. Sin embargo, el peso, esa moneda con más volatilidad que el humor de un adolescente, se mantiene sorprendentemente estable. ¿El secreto de este milagro? Aparentemente, una guerra al otro lado del planeta que, sin querer, le está haciendo un favor al gobierno de Javier Milei.

Las cifras de este deporte nacional son para enmarcar. Las compras de billetes verdes se dispararon un 35% en julio, alcanzando los 3.400 millones de dólares, un récord solo visto en pánicos cambiarios de antaño. Si a eso le sumamos los chanchullos del “dólar MEP” y los tarjetazos en el extranjero, la demanda total se infla hasta unos 6.000 millones de dólares. Mientras tanto, las ventas de dólares por parte de los ciudadanos apenas llegaron a los 608 millones, demostrando que nadie quiere soltar sus preciados ahorros.

Este frenesí comprador tuvo sus excusas perfectas. Primero, el aguinaldo de mitad de año, que para muchos argentinos no es un extra, sino el presupuesto oficial para dolarizarse. Además, unos 64.000 compatriotas viajaron a Estados Unidos, la mayoría con la misión sagrada de ver a Lionel Messi levantar la Copa del Mundo, una peregrinación que, casualmente, requiere una buena cantidad de moneda extranjera para costearla.

La memoria colectiva, marcada a fuego por el colapso del gobierno de Mauricio Macri en 2019, juega un papel protagónico. Los argentinos ven esta libertad para comprar dólares como una “ventana de oportunidad” que podría cerrarse de un portazo en cualquier momento. Con la aprobación de Milei bailando en la cuerda floja, la gente prefiere asegurarse ahora y no lamentarse después, acopiando billetes como si se prepararan para un apocalipsis zombi.

De momento, el castillo de naipes se sostiene gracias a que la guerra en Irán disparó los precios de las materias primas que Argentina exporta, generando una lluvia de dólares inesperada. El país camina por una delgada línea, manteniendo el equilibrio con exportaciones récord y deuda externa. Pero este salvavidas tiene fecha de vencimiento, como un yogur en el fondo de la nevera.

La gran pregunta es qué pasará cuando se acabe la fiesta de los precios altos y la emisión de deuda se frene. Con las elecciones presidenciales de 2027 asomando en el horizonte, la incertidumbre podría desatar otra corrida. Los argentinos creen que Milei podría ser reelegido, pero por si las moscas, siguen comprando dólares como si fuera un seguro de vida contra su propio país.

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