Trump promete 5.000 dólares por cabeza como si fuera el Hada de los Dientes en campaña

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Agárrense los calzones y preparen las carteras, porque el Tío Donald ha vuelto con una oferta que ni el mejor vendedor de teletienda podría superar. Durante una verbena política en Texas, bautizada con el sutil nombre de «Trumpapalooza», el expresidente prometió que si su equipo gana en noviembre, cada adulto estadounidense recibirá la módica suma de 5.000 dólares. Un detallito que ha llamado «el dividendo Trump», porque suena más profesional que «pasta gansa por la cara». ¿De dónde saldrá el dineral? Misterio. Trump se limitó a decir que el país «está generando muchísimo dinero», una explicación tan clara como el agua de un charco.

En un giro de guion digno de telenovela, el magnate pidió a sus fieles que, al votar, hicieran un ejercicio de imaginación y fingieran que su nombre está en la papeleta. «Asuman que soy yo», suplicó, en una estrategia que normalmente solo funciona cuando le pides a tu pareja que cierre los ojos y piense en Chayanne. La alternativa, según él, es un apocalipsis de proporciones bíblicas: si ganan los demócratas, Estados Unidos «se irá al infierno», un destino que, al parecer, incluye atascos, declaraciones de impuestos y reuniones de la comunidad de vecinos.

El evento fue un circo de tres pistas con todas las de la ley. El American Airlines Center parecía una convención de imitadores de Elvis con sobredosis de patriotismo. Simpatizantes enfundados en chaquetas de lentejuelas con la bandera y la cara de Trump, sombreros de vaquero y una fe inquebrantable en su líder. Los puestos vendían perritos calientes a precios de aeropuerto y el último ladrillo literario del clan, un libro del hijo Eric, se despachaba como si regalaran algo. El ambiente era de fiesta, a pesar de que las encuestas daban a los republicanos menos posibilidades de ganar que a un pingüino en el Sahara.

Para añadir más surrealismo a la velada, proyectaron un mensaje en video de un senador demócrata, lo que dejó a todos más confundidos que un pulpo en un garaje y avivó los rumores de un cambio de bando. Todo este espectáculo tuvo que competir por la atención del público con el inicio de la temporada de la NFL, demostrando que para muchos estadounidenses, un buen partido de fútbol americano sigue siendo más sagrado que cualquier sermón político.

Una seguidora de 77 años, podcastera para más señas, aseguró que «Donald Trump no es un presidente convencional y está remodelando el partido». Y vaya si lo está remodelando. Lo ha convertido en una mezcla de feria de pueblo, secta con merchandising y un episodio eterno de un concurso donde el premio es dinero mágico y la penitencia, un infierno fiscal. Ahora solo falta que, junto a los 5.000 dólares, prometa una batería de cocina y una cubertería a juego.

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