Hacienda presenta su nuevo plan económico: la dieta fiscal empieza… algún día de estos

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El gobierno ha presentado su Paquete Económico para 2027, y la gran noticia es que por fin es “realista”. Es el tipo de realismo que tiene tu amigo que jura empezar la dieta el lunes, pero después de tres meses, el lunes todavía no llega. Los analistas, esos aguafiestas con calculadoras, advierten que esta nueva sinceridad no es más que una forma elegante de patear el bote del ajuste fiscal para más adelante.

La cosa está así: los Requerimientos Financieros del Sector Público, que es el nombre rimbombante para el tamaño del agujero en las finanzas, llegaron a un impresionante 5.7% del PIB. Hacienda prometió bajarle a la garnacha fiscal poco a poco, pero el avance es más lento que una tortuga con reumatismo. El plan es pasar de un 4.1% de déficit en 2026 a un “espectacular” 3.9% en 2027, un esfuerzo digno de quien se propone bajar un kilo en todo un año.

Por supuesto, los expertos de Fintual y compañía ya sacaron sus propias cuentas y, ¡sorpresa!, no les salen los números. Ellos pronostican un déficit mayor, del 4.5% para el 2027, porque ven menos crecimiento y más inflación. El plan maestro de Hacienda para tapar el hoyo depende de fiscalizar más a las empresas, que es como tratar de sacar más jugo de un limón que ya exprimiste hasta con los dientes.

Pero aquí viene lo mejor del plan de austeridad. Para que las cuentas cuadren en el papel, el gobierno planea meterle un tijeretazo monumental a la inversión pública, que pasará del 2.6% del PIB en 2027 a un raquítico 1.5% para el 2032. Mientras tanto, las pensiones y los sueldos seguirán subiendo como la espuma. En resumen, venderemos los ladrillos de la casa para pagar la fiesta de hoy.

Como en toda reunión familiar incómoda, todos los tíos economistas de BBVA y Banamex insisten en que la solución mágica es una “reforma fiscal integral”. Lo dicen con la misma seriedad con la que se habla del clima, sabiendo que es un problema enorme que nadie quiere arreglar de verdad. Mientras tanto, el espacio para invertir en cosas útiles como salud o educación seguirá siendo más pequeño que el menú de un avión.

Al final del día, el nuevo paquete económico es un triunfo de la procrastinación. La estrategia es clara: aplazar los recortes, cruzar los dedos para que la recaudación suba milagrosamente y sacrificar la infraestructura del futuro. No se preocupen, que la cuenta, como siempre, nos la mandarán a nosotros.

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